
Mientras Argentina se debate, en medio de eslóganes vacíos, en torno a cuál será su futuro, en varios países europeos, en una semana que pareciera sin noticias, se tratan temas de fondo y ocurren hechos sumamente significativos en la mayor de las intrascendencias.
Cuando el oficialismo encuentra dificultades para comunicar sus propuestas y la oposición habla de aplicar el modelo portugués, o de reperfilar la deuda a la uruguaya, en Austria el Partido Conservador arrasa en las elecciones con propuestas concretas y de raíz nacional, y en Italia un filósofo irreverente, llamado Diego Fusaro, inspira la creación de un partido político, Vox Italiae, que pretende unir dos tradiciones nacionales: los valores de derecha -propios de un sector importante de la sociedad nacional-, con una construcción partidaria marxista.
Son tantos los cambios en el Viejo Continente que parece haberse producido, en los últimos días, la "reversión del mes de mayo". Por ejemplo, mientras que en ese mes caía el gobierno de Sebastian Kurz en Austria, como consecuencia de las acusaciones de corrupción contra sus aliados en el poder del FPÖ, hace pocos días el mismo Kurz arrasó en las elecciones nacionales y se apresta a volver a conducir el país.
También en el mismo mes, pero en Italia, Matteo Salvini, el líder de la Liga, triunfaba en las elecciones europeas con 34 por ciento, cinco veces más de lo que había obtenido en 2014. Pero este triunfo acabaría desequilibrando la alianza populista que administraba el país, junto al Movimiento Cinco Estrellas, lo que lo terminó empujando a abandonar el gobierno y pasar abiertamente a la oposición.
En Portugal, el socialista António Costa, obligado a implementar un programa que condujera al país al déficit cero para este año, sufría -a fines de abril y principios de mayo pasado- masivas protestas por parte de los sectores medios, sobre todo de los empleados estatales y de los docentes, por negarse a mejorar los sueldos y a invertir en la derruida infraestructura pública. Las masivas manifestaciones casi lo llevan a renunciar.
Todos los citados son acontecimientos que resultan de aplicar soluciones localistas que reflejan la fusión de ideologías que se vive hoy en Europa, y que responden a las multiplicidades de problemas a los que se enfrentan las sociedades modernas.
En las campañas políticas en que participan estos movimientos, a diferencia de lo que sucede en Argentina, no se esconde la ideología, y si llegan al gobierno, todos lo han hecho menos Vox Italiae que tiene menos de un mes de vida, están obligados a hacer concesiones para poder constituir alianzas que les permitan gobernar.
Así, estos líderes populistas construyen perfiles ideológicos con extracciones múltiples, que toman ideas de izquierda y derecha, y que adaptan a sus necesidades nacionales, o que se retroalimentan de ellas.
Diego Fusaro suma nacionalismo y soberanismo de derecha con socialismo y eurasianismo antiatlantista. Kurz, un joven de solo 33 años, es populista, conservador, fuertemente antiislámico, liberal, anti Unión Europea y cercano al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, e Israel. Salvini pertenece a un movimiento liberal, euroescéptico, antiinmigración, y es un fuerte defensor del "ius sanguinis". Y finalmente Costa suma populismo de izquierda con un programa económico abiertamente liberal, que incluye fortalecimiento del sistema bancario y financiero con una leve suba de las jubilaciones y del sueldo mínimo.
Quizá, si se quisiera creer en ritos propiciatorios, el secreto de estos abruptos cambios esté en el mismo mes de mayo, al que los antiguos pueblos europeos les dedicaban una gran cantidad de celebraciones. Varias de estas fiestas tenían que ver con el renacer o con la posibilidad de torcer la historia. Una de ellas era la festividad celta de Beltane, del buen fuego, en la que se encendían llamas en las cimas de las montañas que simbolizaban que la vida resurgía después de la muerte. Era el renacer, la llegada del calor luego del frío invierno.
Otra era una ceremonia griega llamada Thargelia. Era la fiesta del "pharmakos" o del chivo expiatorio, y que estaba asociada a ritos de fertilidad. Se celebraba solo cuando una ciudad había sufrido una gran calamidad, y tenía por objeto buscar ese pharmakos, que podía ser tanto un remedio como un veneno, como purificador que modificara la suerte o corrigiera el mal rumbo.
Originariamente consistía en que hombres y mujeres sacrificaban, separadamente, al hombre y a la mujer considerados los más feos -o con atributos indeseables- del lugar. Los hombres colgaban una ristra de higos negros alrededor de la víctima, mientras que las mujeres lo hacían con una de higos blancos, para luego apalearlos hasta la muerte, torturarlos o bien expulsarlos del lugar.
De alguna forma, con ritos propiciatorios o sin ellos, los cambios se han producido. El mundo se encuentra en una profunda transformación, y Europa, que intenta reinventarse y encontrar un camino luego de haber cedido su primacía tras la Segunda Guerra Mundial, se halla en un complejo debate ideológico, a la par que vive enormes transformaciones económicas y sociales.
En este contexto todo fluye, ya no existen los purismos ideológicos. Es como si esta época recuperara a don Camilo y Peppone, el cura conservador y el alcalde stalinista, los célebres personajes de las novelas del italiano Giovanni Guareschi, que de pronto se ponen nuevamente de acuerdo para sacar al imaginario pueblo de Ponteratto del marasmo.
