Pasa el tiempo y la poca previsibilidad del Gobierno nacional se convierte en un factor que complica la recuperación de la economía. Se agitan viejos fantasmas y recrudecen los conflictos latentes, cercenando las posibilidades de un futuro mejor a corto plazo. A un paso positivo, le sucede una señal desalentadora.
Tras superar siete meses signados por la convulsión electoral, el sector privado comenzó a atisbar un cielo más diáfano hacia fin de año. Las principales economías del mundo empiezan a transitar un camino de recuperación, y el empresariado observa que Argentina tiende a beneficiarse en un escenario en el que resurge la demanda de sus productos y la posibilidad de acceder al crédito. En industrias como la automotriz, la vitivinícola y el comercio, entre otras actividades, se observan mejores pronósticos. Sin embargo, la posibilidad de aprovechar el nuevo ciclo de expansión económica se complica por las malas decisiones políticas.
El corsét que el Gobierno le puso a las importaciones y la negativa a rebajar las retenciones al agro, frustran un fuerte crecimiento del comercio exterior. La conflictiva situación partidaria y el enfrentamiento con el campo recrudecen y alimentan las dudas del potencial inversor. "No termina de ser un marco estable y previsible", según dijo el embajador español Rafael Estrella, al analizar la escasa seguridad jurídica que se observa y aleja a los capitales.
El reciente veto de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner a las exenciones para los productores bonaerenses en emergencia, con el argumento de que no son los ruralistas los que pagan esa imposición sino los exportadores, es un claro ejemplo. La aseveración implica el desconocimiento de que las retenciones son trasladadas por los exportadores al productor en el momento de efectivizar el pago. Y el veto no hace más que mostrar la decisión de no volver a permitir que el Parlamento decida sobre el futuro de los ingresos fiscales. La medida reabrió las heridas que se manifestaron en las últimas elecciones.
Los ruralistas cumplieron un nuevo paro de comercialización de carne y granos, lo que volvió a ponerle presión a los precios y generó nuevas tensiones con la dirigencia rural, que se agravará hasta el 10 de diciembre próximo, cuando el Congreso y surjan mejores espacios de negociación.
