Pocas veces en la historia este país ha vivido momentos como los que se perciben por estos días. Todo el mundo hace un esfuerzo por tratar de entender qué es lo que quiere y hacia dónde va la coalición gobernante, pero sinceramente es muy difícil. La renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de diputados del Frente de Todos a pocos días de que Alberto Fernández anunciara con bombos y platillos un acuerdo con el FMI, que además deberá tener el OK del Congreso, es quizás la muestra más firme de contradicción en el Gobierno, pero hay otras: la marcha promovida por sectores afines al Gobierno contra la Suprema Corte en un país liderado por un profesor de derecho; las palabras del Presidente argentino a Vladimir Putin en Rusia mientras negocia que Estados Unidos nos "de una mano" con el Fondo, entre otras, son acciones que no tienen sentido si se las piensa como producto de un conjunto, de un grupo de personas que tienen las mismas ideas. Un equipo. Es decir, si pensamos que este país debería estar liderado por un conjunto de políticos que piensan más o menos igual, nada de lo que pasa día a día tiene sentido. La lógica aparece cuando empezamos a analizar el presente apuntando a las individualidades y no al conjunto, no al Gobierno como algo uniforme. Y ese, parece, es el problema más grande que tienen en la política nacional. No hay trabajo grupal, las internas han trepado a lo más alto, la falta de liderazgo se convirtió en un drama y no en la oportunidad que debió ser. Todos tienen el mismo problema, oficialismo y oposición, ocurre que en el caso del peronismo, se nota mucho más por estar en la conducción. En Juntos por el Cambio, por ejemplo, hay dos (o más) bandos definidos: por un lado está Patricia Bullrich, decididamente lanzada en su carrera presidencialista, quien encarna el "ala dura" de la oposición. La exministra propone guerra, populismo de derecha. Una "Trump" argentinizada. Del otro lado está Horacio Rodríguez Larreta quien, sin querer parecerse al peronismo, encabeza un sector más dialoguista, blando, un poco más "progre" si se quiere. Estas definiciones de ambos no apuntan a decir que el Jefe de Gobierno Porteño sea mejor o peor, porque ya tuvimos un presidente "blando", como Fernando De la Rúa, con el que vimos el abismo cara a cara. No sé cuál es mejor. Sí sé que son las caras que ellos quieren mostrar, convencidos de que es lo que quiere el electorado. Es muy probable que ni siquiera sean lo que son. Cosas de la política.

Después están los radicales, que están más envalentonados de lo que realmente parecen valer. Nadie afloja y nadie conduce el Pro ni la UCR. Mauricio Macri, aparentemente, quiere liderar el grupo pero nadie cree que alguien lo escuche. Hoy la oposición es un montón de gente que se mira de reojo todo el tiempo con manifiesta incapacidad de trabajar en conjunto. Ya demostró el macrismo que los gobiernos de coaliciones no son lo suyo, porque el Pro gobernó prácticamente en soledad cuando le tocó hacerlo. Y recibió sólo críticas de sus mismos socios. Hay una evidente falta de aprendizaje en todas las acciones de la oposición. Cada vez son más los que dudan de que lleguen a hacer un buen gobierno, sencillamente porque cuando les tocó, hicieron todo lo contrario. Lo peor es que el peronismo parece que tampoco puede hacerlo bien, ya que Alberto y Cristina Fernández están encarnizados en una pelea individual que nos tiene a todos esquivando las esquirlas. Una locura total. 

Enzo Cornejo, Diputado provincial.

En medio de ese laberinto esta semana el gobernador Sergio Uñac dio un paso hacia adelante, una señal, que no estoy seguro que implique avanzar: dijo que sus legisladores nacionales aprobarán el proyecto de acuerdo con el Fondo Monetario Internacional. "No queda otra" dijo en privado el mandatario y creo que también hace un par de días ante periodistas. Quizás a Uñac tampoco le guste mucho el acuerdo que trabajaron en la Nación pero sabe que retirarse del mercado de créditos mundial, que es una de las consecuencias que tendríamos si no hay acuerdo, implicaría un retroceso de décadas. Sencillamente no abrirían fábricas, nadie vendría a invertir al país y todo dependería del Estado, que es lo peor que le puede pasar a un país. Hay un ejemplo que conocemos bien los sanjuaninos, que es la minería. Hoy la política de la región nos está entregando un panorama mucho más alentador que el de hace una década. En Chile están a punto de nacionalizar los recursos minerales, y en Perú gobierna un populista de izquierda que pretende poco menos que echar a todas las empresas mineras de su país. Las multinacionales que invierten en Chile actualmente han puesto el grito en el cielo por el avance de un proyecto para nacionalizar el cobre y otros minerales, y todos los informes de consultoras internacionales indican que ese país y Perú han bajado su calificación como sitios viables para inversiones. En contrapartida, Argentina subió algunos escalones en ese mismo análisis, no por virtud propia, por defecto de los vecinos. Una pelea con el FMI nos pone en una situación de conflictividad que seguramente impactará de manera negativa en esos mercados. Los inversores, que son al fin y al cabo los que ponen la plata para que cualquier empresa de cualquier rubro invierta en el país, empezarán a mirar de reojo también a la Argentina. 

Uñac, conociendo las consecuencias para el manejo del país, corrió el riesgo esta semana y se animó a adelantar el voto de sus legisladores, lo que implica una maniobra más política que económica. Corrió el riesgo porque sabe que hay un sector del Gobierno Nacional, el kirchnerismo, que no lo aprueba. El Gobernador sanjuanino intuye un desastre si ese acuerdo no logra respaldo legislativo, y es por ahora lo que más le interesa.

Resta ahora saber qué harán los diputados nacionales de la oposición, Marcelo Orrego y Susana Laciar, quienes hasta ayer dijeron que quieren ver el texto del acuerdo para saber cómo votarán. Seguramente esperarán instrucciones de Juntos por el Cambio para actuar, y es razonable. A propósito de Orrego: nunca se expresó por el copia y pegue de sus diputados provinciales Enzo Cornejo y Nancy Picón en la Cámara. Admitido por ellos. El año pasado atribuyeron los artículos que este diario publicó a las elecciones. Las elecciones ya pasaron. ¿Responderá Orrego ahora a la barbaridad de Cornejo y Picón? ¿Lo hará Susana Laciar que nunca respondió los llamados de este diario al respecto? ¿Qué opinarán Fabián Martín, Juan José Orrego y otros? La Cámara de Diputados, ¿seguirá bancando esta locura legislativa? ¿La bancan también en el oficialismo, ya que no hicieron nada? Vergonzoso.

La locura del Gobierno Nacional, la ambición desmedida de poder de la oposición, y el silencio cómplice de los diputados provinciales (todos) nos obliga a ser pesimistas sobre un país que siempre está al límite, lamentablemente.