Los griegos se han manifestado a favor de un cambio de rumbo de su Gobierno, al posibilitar el histórico triunfo obtenido por el partido de izquierda Syriza (siglas de "Coalición de Izquierda Radical") en las elecciones que tuvieron lugar el domingo. En una compulsa que se caracterizó por la gran concurrencia de votantes y un resultado que era previsible, el pueblo griego optó ampliamente por el mensaje de esperanza y dignidad propuesto por el líder de Syriza, Alexis Tsipras, frente al discurso del miedo al que recurrió durante la campaña el jefe de Gobierno en funciones, en representación del partido conservador Nueva Democracia (ND), que obtuvo el segundo lugar.

Este resultado abre una nueva era en la política griega, que sin duda tendrá repercusiones en el resto de Europa, obligándola a una reflexión sobre las políticas seguidas y por seguir para salir de la crisis.

Mientras Syriza obtuvo algo más del 36% de los votos; ND apenas supero el 27%, por lo que ambas agrupaciones son las que más escaños ocuparán en el parlamento, en el que al final se sentarán siete partidos. El tercero en la discusión, y con grandes posibilidades de tener una marcada participación en el gobierno griego, fue el partido neonazi Aurora Dorada, con el 6,3% de los votos.

Syriza pregona que esta victoria corresponde a todos los pueblos de Europa que luchan contra la austeridad. Su prioridad es devolver la dignidad perdida a Grecia, con un Gobierno que sea para todos los griegos.

Grecia viene de una dura crisis económica y financiera que ha determinado una recesión de más de 6 años. Su población está sufriendo las consecuencias, por lo que este cambio drástico de línea de gobierno es visto como una alternativa para salir de un panorama que se presenta oscuro y con pocas alternativas.

La victoria de Syriza representa, desde el punto de vista griego, un freno a la aplicación de las medidas de austeridad impuestas por los acreedores europeos que han intervenido en los últimos años con sus propias recetas en busca de que salga de su crisis, con pocos resultados.

También se la considera el inicio del camino para la recuperación de la autoestima nacional, por cierto muy devaluada.

Se trata de un cambio rotundo, al que ha accedido un pueblo con la esperanza de salir de una situación que lo ha colocado en un lugar muy desventajoso dentro de los países de la Unión Europea.