La llegada de un nuevo año es considerada un punto de inflexión en la incesante evolución de la humanidad, desde los proyectos personales, tras el balance que la fecha impone, hasta de los grandes avatares políticos y económicos que protagonizan el complejo espectro social, político y económico del mundo.

El año 2010 es también el punto de partida de una nueva década, la medición histórica que señala avances, retrocesos y frustraciones en la difícil convivencia de las naciones debido a posiciones hegemónicas, culturales, ideológicas, étnicas, religiosas y la enorme brecha entre el mundo desarrollado y el emergente. Nada cambia de un día para otro, pero estas fechas sirven para renovar los compromisos de los liderazgos que buscan la paz, enfrentando a quienes buscan imponer sus ideas por medio del caos y la violencia. El papa Benedicto XVI, en su mensaje del 1 de enero, hizo un llamado a la tolerancia y a la paz, después de que el mundo diera la bienvenida a la flamante década con multitudinarias celebraciones, algunas bajo fuertes medidas de seguridad y en medio de advertencias sobre nuevos complots terroristas, como el lanzado por Al Qaeda. El Santo Padre condenó la guerra y la violencia, y se lamentó por los niños con el rostro "hundido por el hambre y la enfermedad, desfigurado por el dolor y la desesperanza" que se ven con tanta frecuencia. Frente a esos seres humanos indefensos, "todas las falsas justificaciones para la guerra y la violencia se desploman", afirmó el Papa.

Los grandes desafíos siguen pendientes, como la erradicación del hambre, la protección ambiental y la lucha contra el terrorismo, pero existe el renovado optimismo de consolidar la paz.