Los umbrales de la vida y su ocaso son realidades humanas estrechamente ligadas. Tan es así que cuando empezamos a interrogarnos sobre el sentido de la vida, inmediatamente surge el planteo del sentido de la muerte. Es un proceso natural, independientemente de las creencias personales.

Lo que propongo es pensar un camino inverso. Mirar el presente en clave de futuro. Proyectar nuestra mirada al día después del fin y que esa perspectiva confiera sentido y norte a nuestra vida presente. 

UNA MIRADA DISTINTA

Esta nueva perspectiva no debe entenderse sólo como un relato anticipado de lo que ha de acontecer más tarde. Más bien implica una mirada que la persona dirige a la consumación definitiva de su propia situación existencial. Esta nueva mirada nos revela una historia de esperanza que debe ser leída en clave de futuro y que empieza a consolidarse en nuestro hoy. 

Ya no se trata solamente de lo que acaece después de la muerte, ni del destino final de nuestras almas. Tampoco se reduce a la sola consideración de la meta esperada, sino fundamentalmente a la esperanza que, movida por esa meta se va concretando en el presente de cada uno. 

No se trata de vivir una espiritualidad de huida de este mundo con la vista puesta en el "más allá". Suceda lo que suceda el día después, el proceso es histórico: acontece en nuestra historia real y concreta de cada día.

Pero tampoco significa que esa consumación final de nuestra biografía se de en el "más acá", en el presente. Ello nos llevaría a una confusión entre la vida temporal y el destino eterno de la persona. Además de inducirnos a creer que esa consumación de nuestro destino es producto exclusivo del esfuerzo personal. Ese sobredimensionamiento de nuestras propias fuerzas, es uno de los mayores obstáculos para llegar a la meta esperada. Desde la fe cristiana, diremos que esta posición olvida que la culminación final en términos de "salvación", es un don generoso de la iniciativa de Dios.

Esa mirada hacia el "más allá" que se encarna día a día en nuestro presente significa un "ya, pero todavía no". Precisamente, esta perspectiva en clave de futuro debe orientar nuestra vida presente y avivar el deseo de alcanzar la meta, tan propio de la esperanza. No se trata de un discurso sobre el fin, sino un discurso sobre el presente en el horizonte de la consumación esperada. 

La pregunta en torno al futuro se nos vuelve acuciante, sí es que queremos dar sentido a nuestra actual existencia. No es simple curiosidad sobre "el más allá", sino más bien la clave para interpretar nuestro "más acá". 

Lejos de producir temor, este mirar nuestra vida en clave de futuro da quietud al alma. No hay lugar para una visión apocalíptica y tenebrosa de la muerte, sí en todas nuestras acciones, como dice el Antiguo Testamento, tenemos presente nuestro fin (Eclesiástico 7,36).

LA MIRADA DESDE LA FE

Muchas veces nos preguntamos sobre la muerte: ¿qué es morir?; ¿qué pasa después de la muerte? Los interrogantes son fundamentalmente vivenciales. Son preguntas que nos hacen reflexionar.

La muerte de aquellos que amamos y la posibilidad de nuestra propia muerte, nos pone frente a estos planteos. Pero no hay respuestas desde el orden natural. La ciencia aporta los criterios de muerte, pero no define qué es la muerte, ni mucho menos qué sucede después. Pero como la pregunta está y desvela al ser humano desde siempre, seguiremos buscando respuestas. Así avanzó y avanza la humanidad: preguntándose.

Ahora bien, hemos de ser claros en este punto. Ni la filosofía ni las ciencias empíricas pueden darnos las respuestas que buscamos. Tampoco les compete a las ciencias experimentales definir qué es la muerte. Esto no invalida los interrogantes. Por el contrario, los confirma y amplía el horizonte en la búsqueda de respuestas. Por eso le doy paso a Dios. Sabiendo que mirar nuestro presente en clave de futuro, repensar nuestra vida en función de la consumación de nuestro destino, es ya una respuesta desde la fe.

 

Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo