La investigación por la dudosa muerte del fiscal Alberto Nisman, el 18 de enero pasado, sigue sin conclusiones por la complejidad de un caso con situaciones atípicas, desde lo político a lo familiar, sin descartar intereses económicos. A nueve meses del hecho que conmocionó al país y repercutió en el exterior, se siguen acumulando pericias y especulaciones, en medio del embate de la polémica jueza federal Sandra Arroyo Salgado, exesposa de Nisman, quien interviene en una suerte de proceso paralelo, argumentando su interés como madre de las hijas del difunto.
Pero lejos de aportar profesionalismo y facilitar la investigación, la jueza entorpece la tarea de la fiscal Viviana Fein al punto de haberla recusado por una supuesta falta de objetividad e interés manifiesto en el proceso, argumentación que declaró inadmisible esta semana la Corte Suprema de Justicia, al rechazar de plano la queja de la magistrada. Ya en una instancia anterior, la jueza Fabiana Palmaghini, el 8 de abril, había ratificado a la fiscal a cargo de la instrucción al desestimar el planteo de Arroyo Salgado. Esta sentencia fue ratificada tanto por la Cámara de Apelaciones en lo Criminal y Correccional como por la Cámara de Casación Penal en lo Criminal y Correccional, cuyo fallo fue impugnado mediante un recurso extraordinario federal.
A los obstáculos que pone Arroyo Salgado se sumó en junio último un cambio sorpresivo con abogados particulares porque desistió de la asistencia gratuita de los letrados del Ministerio Público de la defensa. Estos tropiezos retrasan aún más un trámite que tiene miles de folios y pericias sin satisfacer a esta jueza, que muestra un interés desmedido que hace dudar de que solo se circunscribe al amor a sus hijas.
