El 25 de abril de 1936 un acontecimiento social concentra la atención de la sociedad sanjuanina: una hermosa casa, emblemática para la época, se inauguraba con un casamiento: el de un joven técnico constructor y su bella enamorada quien, al llegar frente al nuevo domicilio no alcanza a comprender lo que sus ojos contemplan. Ese "castillo" era el regalo de boda de su flamante esposo. Un sueño de hadas convertido en realidad. La música de un vals los envolvió y transportó por cada rincón del nuevo hogar. Despuntaba el siglo XX. En San Benedetto del Tronto, Provincia de Ascoli Piceno, Italia, nacía el 1 de febrero de 1910, en el hogar de Emilio De Vecchis y Carolina Luciani , un robusto varón al que bautizaron con el nombre de Primo De Vecchis. El destino le tenía reservado a esta criatura un futuro de maravillosas sorpresas. A los 18 años viaja junto a su padre, técnico constructor, a esta parte del mundo como lo hacían miles de sus connacionales. Llegados a San Juan, entablan muy buena relación con el ingeniero Idelbrando Torlontano quien los asesora sobre las características sísmicas de nuestro suelo y la conveniencia de construir viviendas con sólidos cimientos en sus bases y columnas de hierro en su estructura. Lógicamente , desde lo económico resultaban más caras, pero, a la hora de enfrentar eventuales movimientos sísmicos, era lo más conveniente. Nadie presagiaba tragedias. La confianza en la construcción tradicional les jugaría a los sanjuaninos la peor de las suertes. La empresa familiar de los De Vecchis comenzó a dar sus primeros pasos y se fue fortaleciendo con el devenir del tiempo. El joven Primo sentía que tenía que echar raíces en ésta, su nueva patria. Es entonces que decide diseñar y construir, junto a su padre y obreros de la empresa, su propia casa. Es así que en calle Hipólito Yrigoyen 1342, Este, Santa Lucía, durante varios años, vecinos y curiosos que accidentalmente pasaban por el lugar, fueron observando cómo la nueva casa adquiría formas distintas a las otras. Cuando estuvo terminada, Primo De Vechis, que ya estaba de novio con Juana Vicenta Santori, le propuso casamiento con gran fiesta y un regalo sorpresa. Juana, que no estaba acostumbrada a los avatares de la ciudad, luego de celebrada la boda, al llegar frente al regalo sorpresa de su esposo queda atónita. Sus ojos no pueden dar crédito a lo que ven. Ese "castillo" era para ella, para ambos. Las rudas, fuertes y seguras manos de Primo tomaron con suavidad la cintura de Juana y muy lentamente se dirigieron al interior de la vivienda. Un estallido de luces, aplausos, hurras y brindis inundó todo el recinto. Fue la coronación a tantos años de esfuerzos y sueños por conquistar.

Pasó el tiempo. La casa se llenó de risas infantiles. Por sus patios y escaleras jugaban los hijos que fueron alegrando el nuevo hogar: Laura Nelly, Osvaldo Adolfo y Zulma Lidia. A Zulma, precisamente, le pido que por un instante vuelva a su niñez y describa la casa que ella disfrutó en su infancia. Con ese brillo particular de sus ojos me mira sonriendo y comienza "en la planta baja había tres dormitorios, comedor, baños, cocina y un amplio pasillo que comunicaba al patio y finalizaba en un salón donde se guardaba todo lo que la finca de mis padres producía. A los costados del salón había dos habitaciones de servicio. El patio tenía una elevación de cuatro escalones por donde se accedía a los jardines. Allí nuestro padre nos construyó, con puertas de hierro vidriadas, un teatro donde, por supuesto, hacíamos de todo: bailar, cantar, dramatizar, pintar. Una amplia escalera comunicaba a la planta alta de tres dormitorios, comedor, baño, cocina y un amplio patio cubierto. Para finalizar, en la siguiente planta había una habitación de servicio con forma de castillo".

Los tres hermanos De Vecchis nacieron antes del terremoto de 1944. Le pregunto a Zulma cómo vivieron aquella tragedia: "Nos encontrábamos solos junto a mi madre al momento del sismo. Ella nos abrazó y nos pidió que no nos moviésemos del lugar. Eso nos salvó. Cuando nuestro padre llegó en moto, nos calmó y nos susurró muy bajito: ‘Ahora papá tendrá que trabajar mucho más que antes’. Cuando nos asomamos a la calle todo era silencio y desolación". La casa de Primo De Vecchis estaba de pié, intacta. Es una de las poquísimas joyas arquitectónicas anteriores al terremoto de 1944 que San Juan podría catalogar para mostrar con orgullo al turismo emergente. Aquel ingeniero amigo que recibió a Emilio y a Primo De Vecchis tenía toda la razón del mundo. Nacía en la provincia la empresa CACE fruto del esfuerzo y tesón de estos inmigrantes italianos que a fuerza de pico y pala hicieron grande a un país.

(*) Sociólogo.