Ha finalizado el Sínodo extraordinario sobre la familia en una versión desconocida hasta ahora. Por primera vez, un Pontífice ha participado silenciosamente en todas las sesiones de la mañana y de la tarde durante quince días. A su vez, no ha dejado de señalar aquello que no debe cambiar: la unidad e indisolubilidad del matrimonio, y la apertura a la vida.

Sus palabras fueron sólo para inaugurar esta reunión que ha congregado a 191 participantes, y el último día para culminar el encuentro, que ha buscado dar inicio a una reflexión sobre la familia como nunca se había afrontado en la historia de la Iglesia. Su reflexión del pasado sábado fue para advertir sobre cinco peligros siempre latentes al tratar este argumento.

El primero es el de la rigidez hostil que se cierra al espíritu de la ley. Luego siguen los "buenistas" destructivos que en nombre de la misericordia, vendan las heridas pero sin antes curarlas y medicarlas. También están los que transforman el pan del evangelio en piedras para ser lanzadas contra los pecadores y los débiles. Tampoco faltan los que para complacer a la gente se pliegan al espíritu del mundo en vez de purificarlo y adecuarlo a la trascendencia. Por último, están los que viven la tentación de creerse dueños o propietarios de las verdades de fe, olvidando la realidad y utilizando un lenguaje desconocido para la mayoría.

Quien piense que el Papa ha sido el gran perdedor se equivoca. La cuestión de la pastoral hacia las personas que se han divorciado y se han vuelto a casar, y la profundización sobre la posibilidad de admitirlos a los sacramentos sigue abierta, porque se encuentra en el texto final sometido al voto del Sínodo que fue publicado. La revolución del Sínodo, que en realidad es la revolución de Francisco, es que toda la diversidad de opiniones, ha tomado la palabra y ha sido dicha, en el seno del aula sinodal y fuera de ella, sin cuidarse uno del otro.

La Iglesia que desea el Papa es la de una comunidad que pase del miedo a hablar y el temor a callar. El primer paso ha sido dado. Habrá que esperar la maduración de ideas el año próximo y la publicación de un documento de Francisco en 2016 que será expresión de una Iglesia que deja la imagen de una secta para pasar a reflejar una comunidad donde se escucha al otro, y donde éste es siempre valioso.