En la India,a orillas del río Jumna, se levanta un poema de amor construido en piedra. Es el imponente Taj Mahal ("’Orgullo del alcázar”), con el cual se denominaba la bella Arjmand Banu Gebum, esposa queridísima del emperador Shah Jaham, y en cuya memoria erigiera este mausoleo.

El emperador estaba muy enamorado de ella, y cuando murió en 1631, después de darle un hijo creyó que su dolor no le permitiría sobrevivirla. Continuó viviendo, sin embargo, aunque envuelto en una tremenda melancolía de la que solo logró quitársela un proyecto: La creación de un monumento que la recordara para siempre. Convocó entonces un consejo de arquitectos de la India, Persia y Asia Central para que le preparasen los planos correspondientes. El arquitecto Ustad Isa fue el encargado de dirigir la obra,en la que trabajaron durante 11 años 23.000 operarios.El emperador quiso que éste fuera el monumento más fastuoso de la ciudad y también de la India. En 1658 Agra, su capital perdió la condición de tal, pero el amor del monarca sigue conservando toda su sugestión, en la que intervinieron tanto su magnificencia arquitectónca como la sentimental historia que lo rodea. Lo ocurrido, hizo que Agra se convirtiera en la "’Capital de los enamorados”, con un prestigio similar al de la Verona de Romeo y Julieta. El emperador ordenó que en una cámara octogonal estuvieran dispuestos el monumento de su consorte y otro preparado para recibir su propio cuerpo. Largas avenidas sombreadas de árboles conducen al colosal edificio. Una sólida puerta de piedra roja incrustada con mármol blanco y 26 cúpulas del mismo material, se franquea de par en par. De pronto, se levanta el templo como una bella masa de cúpulas y minerales que constituyen el Taj Mahal, ejemplar perfecto del arte islámico.

Pero además de este fastuoso mausoleo, hay otros tipos de monumentos que construyeron en sus corazones para expresar su amor a los que perdieron a la esposa querida: su recuerdo permanente. Seguir brindándole el mismo cariño de los años en que vivieron juntos, recordando los momentos felices que le brindó la vida, pensando que algún día estarán nuevamente junto a ella, en la hermosa descendencia de sus hijos, nietos, bisnietos y el sentir sobre sus cuerpos las caricias del sol y el perfume de los rosales que estallan en pétalos multicolores cuando, mirando al cielo, le dicen al ser amado: Siempre estaremos contigo…

(*) Escritor.