Para el mundo católico latinoamericano la celebración de los Reyes Magos de Oriente tiene especial trascendencia. La festividad existe prácticamente desde la llegada de los misioneros, quienes fueron sus portadores, imbuidos culturalmente de la tradición Ibero-Católica. Como sucedió con otras fiestas del calendario litúrgico, la conmemoración de los Reyes Magos fue criollizada -si cabe el término- pero manteniendo su significado, el cual se relaciona con el reconocimiento universal de Jesús como hijo de Dios.

Esta fiesta tuvo en antaño gran importancia al formar parte del fantástico mundo de los mitos infantiles, lleno de magia y ternura, aspecto que ha ido desapareciendo por el racionalismo y el consumismo desmedido. No obstante la festividad continúa en toda la geografía latinoamérica con ingredientes incorporados desde la cultura nativa, componentes que la engalanan profusamente. Los rasgos clásicos de la festividad de los Reyes Magos son los presentes: obsequios a los niños con la costumbre de "poner los zapatitos”, cerca de una ventana. Igualmente, dejar al lado de ellos un poco de pasto y un recipiente con agua para los agotados camellos. También lo acompañaban villancicos, especialmente en nuestras provincias norteñas. Según un antropólogo salteño, aún persiste esta hermosa tradición.

Junto a estas pautas comunes, cada país tiene sus particularidades. En México es muy típica la clásica rosca de Reyes; en Bolivia esta festividad pone fin al tiempo navideño, realizándose un rito muy particular, el de llevar los pesebres familiares a los diferentes templos para recibir la bendición sacerdotal. Un tema muy importante, visto desde la antropología, es que en países como Ecuador, Perú, y también Bolivia, la festividad de los Reyes Magos, junto con otras conmemoraciones católicas, cumplen la función social de aglutinar los diferentes grupos étnicos, y a otros grupos sociales. Además otra función social significativa está dada por la integración, ya que muchos miembros de la comunidad, por ejemplo la quechua, se caracterizan por tener un patrón de asentamiento disperso, por lo tanto esta es la ocasión propicia de la integración en una festividad común. También en parte del Paraguay y la zona del litoral argentino existe aún una celebración muy emblemática. Tal festejo se remonta a la época colonial y tiene que ver con el aporte de la cultura africana originaria del Golfo de Guinea. Esta fiesta es una especie de veneración a los Reyes Magos, orientada a Baltasar, rey negro. Un rasgo es que se exterioriza a través de una danza celebratoria-religiosa llamada "charanda o zemba”. Es una danza muy particular que la bailan parejas, llamadas "dama” y "damo” o promeseros. Tal baile, junto a cánticos con vocablos españoles, guaraníes o de origen desconocido, se realiza como una especie de súplicas o agradecimientos a Baltasar.

(*) Mg. en Historia.