Más de 50.000 jóvenes sanjuaninos necesitan un programa institucional para una vida sexual saludable en pro de conformar una familia estable. Tanto el varón como la mujer, llegada la pubertad, tienen la capacidad de procrear, pero el hecho de que la naturaleza les otorgue tal capacidad, no significa que hayan comprendido la significación del hecho que deviene en un hijo y potencialmente en la conformación de una familia.
El siglo XXI nos muestra una realidad inexorable al respecto, pues no sólo está en peligro el vínculo matrimonial religioso, sino ahora más aún la simple unión conyugal civil, puesto que la mera conformación de parejas no tienen más compromiso que el haberse unido por un hijo en común. Sin embargo la gravedad de la situación radica ya no en la conformación de parejas bajo algún compromiso sino en serias dificultades de permanecer en unión. Se estima que 5 de cada 10 parejas son ocasionales o temporales y 3 son menores o de muy corta edad.
El perjuicio más grave recae en los hijos que de ninguna forman comprenderán este fenómeno y sufrirán las consecuencias. La responsabilidad fundamental está en el discurso que promueve como factible este contexto, procurando "salvar la situación de embarazo” y proteger al bebé de cualquier enfermedad con medidas para tal fin.
Se debe ser conscientes de la importancia de lo que significa formar una familia y sus implicancias culturales para una sociedad por lo que es necesario promover entre jóvenes, y en todos los niveles, un eficaz discurso sexual que evite desenlaces nefastos para niños, futuros adolescentes, hombres del mañana de una sociedad expectante.
