La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró ayer a Liberia país libre de ébola, al transcurrir 42 días, o dos veces el periodo de incubación del virus, desde la inhumación segura del último paciente. Desde entonces no se registraron nuevos casos de la terrible enfermedad, lo que indica, a priori, que nadie es infeccioso y la transmisión se ha paralizado. Ante la trascendente declaración oficial, la presidenta Ellen Johnson Sirleaf, agradeció la lucha incesante de los organismos sanitarios que permite la celebración de la derrota del virus letal en el país que más estragos causó desde que se declaró la epidemia mundial: 10.322 contagios y 4.608 muertes.
Pero hay miedo a la complacencia, y tanto la OMS como Médicos Sin Fronteras y Unicef, alertaron del alto riesgo de que la enfermedad recrudezca al reducir los controles. Liberia no puede bajar la guardia, ya que no tener casos es haber dado un primer paso, pero la amenaza no desaparecerá mientras permanezca en países vecinos.
Esto significa haber ganado una batalla, pero se está lejos todavía de alcanzar la derrota total de una epidemia que hace estragos en los territorios vecinos de Sierra Leona y Guinea, desde donde se propagó la epidemia, la más larga y compleja, luego de descubrirse el virus en 1976, a cien kilómetros del río que le dio nombre.
La lucha se debe concentrar en el control de las permeables fronteras y las posibles infecciones importadas, por los desplazamientos de refugiados. Y queda la recuperación del sistema sanitario, diezmado por la epidemia, dado que al inicio gran parte de las víctimas fueron los médicos y enfermeros que murieron al tratar a los pacientes sin la precaución debida.
