
Tenía 4 años cuando mi madre, ama de casa de las de antes, quien no acostumbraba visitar mucho la ciudad, nos despertó diciendo que nos íbamos a Buenos Aires. Mi padre estaba en esa urbe estudiando y alojado en el bajo, Paseo Colón cerca del Correo Central, cuando los aviones de la Fuerza Aérea bombardearon la zona para echar a Perón. El único amigo que tenía auto nos acercó a la vieja estación de Villa Krause, con mi hermanita ascendimos al caballo de acero, ahí conocí que en algunos lugares había muchas vaquitas juntas y aprendí a beber la sopa espesa que nos servían en el camarote. Todavía recuerdo el color y la suavidad del pijama celeste y la figura intimidante del guarda. Primera crisis, toque de queda, ruidos y luces de colores de esa ciudad de la que Borges dijo: "no nos une al amor, sino el espanto". Ya adolescente en viaje de encuentro con amigos de la Iglesia, me alojaba en Belgrano en casa de Roberto. Alejandro, un compañero de la Industrial me había transmitido el amor por la música clásica y me enteré que en el Rex tocaba Martha Argerich, por aquél entonces, como ahora, una de las mejores pianistas del mundo. Convencí a mi amigo, partimos a la calle Corrientes para enterarnos rápido que las entradas se habían agotado hacía meses y que, además, no nos hubiera alcanzado la plata. Comenzó a llover y corrimos a un kiosco para hacer la típica, comprar un diario para usarlo de paraguas. El empleado, canchero, nos vio cara de giles y nos sugirió cambiar de programa. Teatro El Nacional con Nélida Lobato y las Blue Bell Girls.
Nada que ver con un concierto. Mientras decidíamos, volver al departamento o entrar al Teatro de Revistas, tomamos el periódico para taparnos y ahí nos enteramos que los Montoneros habían secuestrado a Aramburu, líder principal y símbolo de la llamada Revolución Libertadora que había derrocado a Perón. Segunda crisis con policía y ejército en la calle, restricciones a la circulación y otras yerbas. El general me venía siguiendo. Lo volví a tener presente cuando, unos 4 años después, don Juan Domingo, volvía a Ezeiza desde Madrid en una tarde también lluviosa provocando, sin quererlo, una matanza que, otra que coronavirus, dejó muchos muertos cuando grupos antagónicos de sindicalistas y montoneros se agarraron a tiros por ver quién se ponía más cerca del escenario. El Jefe prometió a los causantes "hacer tronar el escarmiento" y poco tiempo después se radicó en una casa de Gaspar Campos. Tercera crisis que duraría varios años con balaceras y fuerzas armadas regulares e irregulares, las tres A, ERP, FAR, FAP, Montoneros. Lo del 76 es más conocido y hasta tendremos un feriado este martes, miles de muertos y desaparecidos no por causa de algún bicho sino por decisión organizada del Estado usurpado otra vez por los militares. Cuarta crisis, repudio de la Constitución, eliminación de garantías, cierre del Congreso, Legislaturas y Concejos Deliberantes, estado de sitio permanente, persecuciones políticas, emigración de artistas, científicos e intelectuales. En el 82 la Guerra de Malvinas nos mantuvo en vilo desde abril hasta junio, Dos años más tarde apenas asumido un Presidente elegido por el pueblo, el juicio a los militares provocó el motín de Semana Santa, con Aldo Rico a la cabeza, días de mucho miedo, pueblo autoconvocado, noches sin dormir hasta que Alfonsín anunció "La casa está en orden".
Quinta crisis con secuela de un levantamiento grosso en Tucumán que se conjuró más o menos rápido. La hiperinflación del 89 se pareció a la situación actual en el acopio de alimentos. Hubo hasta asaltos a los supermercados y a camiones de transporte de mercaderías. Hambre de verdad. Para esos meses también un intento de copamiento del Regimiento de La Tablada por irregulares del ERP y muchos muertos, entrega anticipada del Gobierno de Alfonsín a Carlos Menem e inestabilidad por un par de años con levantamiento de Prefectura en el medio y otra hiperinflación ya con el ministro Herman González "un contador sin visión política" como lo definió Roberto Dromi. Estabilidad económica y política durante la convertibilidad de Domingo Cavallo que permitió a Menem ser el Presidente que más ejerció desde Julio Argentino Roca, 10 años y 6 meses. Luego, caída en default de la deuda, Asamblea Legislativa, 5 Presidentes en una semana, elecciones anticipadas en 2003 y tres años de malaria hasta finales de 2005. De vuelta asaltos a los mercados, más de 13.000 cortes de ruta, cobros de peaje por vecinos hambreados, ruptura de la cadena de pagos, cheques rebotados y cuentas bancarias cerradas a rolete. Luego, varios lustros de paz a pesar de la llamada "grieta" que, como se notará comparando, fue una discusión muy leve, casi de café. A pesar de todo eso, nunca antes se vivió algo como lo de ahora. Toques de queda, si, feriados bancarios también, acopio de mercaderías por supuesto, estados de sitio algunos. Pero nunca algo como esto, restricción domiciliaria y de circulación de la totalidad de la población durante 15 días, si es que no es más. Nadie puede decir "a esto ya lo vi". Ni siquiera alguien que, como dijo Pablo Neruda "confieso que he vivido". No hay experiencia previa y todos debemos aprender algo no previsto, quedarnos en casa a la fuerza, como en prisión domiciliaria. La libertad sigue a la vida como el bien más preciado. No tenerla, por la razón que sea, es un castigo auto infringido y necesario pero castigo al fin. No poder relacionarnos quita la condición gregaria que es parte de nuestra esencia. Los psicólogos se frotan las manos, nos tendrán de visita en manada, aunque ellos tampoco estarán exentos de esta tortura.
