¿Debiera el sindicalismo argentino modernizar sus estructuras al punto de renovar el perfil de sus dirigentes para una eficaz representación de sus trabajadores a los que representa?
Este es el interrogante que se deduce de la situación que vive hoy el sindicalismo en nuestro país ante la común forma de defender a los trabajadores, que no tiene variantes eficaces al momento de lograr resultados en los que se visualicen soluciones concretas para todos los sectores de la población laboral que motoriza la economía.
La figura de los sindicatos ha ido desdibujándose en el tiempo, hasta llegar a una actualidad de reclamos que no traducen las necesidades concretas de trabajadores que ven sus aspiraciones truncadas.
¿Se refiere al método que emplea el sindicalismo argentino para conseguir importantes avances en materia de reclamos salariales? No. Más bien se refiere a resultados que no terminan por satisfacer a la masa obrera. Por un lado la raigambre industrial en sus orígenes casi hoy sin referente alguno de un esquema productivo y por el otro, él no ajustarse a un índice económico que parece esquivo respecto de la realidad que nos toca. Un ejemplo el impuesto a las Ganancias irresoluto todavía para quien trabaja, respecto del especulador que no lo aporta y que sí recibe ganancias.
Languideciese así mismo un reclamo salarial como el de antaño, no sólo porque ‘atrapa in fraganti al trabajador en su desempeño” (ver su pasividad al cobrar planes y subsidios) que aunque justificados, por no crearse fuentes genuinas de trabajo soportan estos cualquier forma de acceder al salario. Pero aún más, no hay una verdadera revolución laboral a propuesta de los sindicatos y menos aún que actúe como significante de los reclamos que realiza. Adaptarse a lo que nos toca vivir es lo más fácil si no hay propuestas reveladoras de la real situación que vivimos. Va desapareciendo la mano de obra y se instrumentan ‘manos administrativas” que la suplen y nuestro sindicalismo reconoce esta realidad.
El contexto no sorprende y menos aún lo recientemente comprometido por asistencias de las gestiones nacionales de gobierno precedentes. ¿Alcanzaría una reforma constitucional o estatutaria sin un cambio de la mentalidad sindical que remueva estructuras tradicionales?
