La situación más difícil de planificar en tiempos de vida útil y de ocupación laboral para lograr una existencia que permita una compensación de una renta vitalicia (Jubilación), y por la que una vez alcanzada signifique continuar con un rendimiento óptimo para aprovechar el resto de los años de vida en buen estado de salud y capacidad de disfrute pleno, está resignado en manos de los propios Estados que no garantizan un régimen previsional merecido por el habitante latinoamericano que en tiempos de subsistencia y años de vida tiene merecido.
Es seguro que los Estados Latinoamericanos no han desarrollado un plan de salud y laboral de longevidad que permita a la persona mayor, que alcanza la madurez y que deviene en la etapa de vida como ancianidad o vejez, pueda conseguir una vez entrado al régimen previsional asegurarse de una buena asignación y cierta continuidad para la capacidad laboral o al menos ver garantizado sus restantes años para un verdadero goce de la vida, todo, por el trabajo acumulado y realizado en favor de empresas privadas o en beneficio del trabajo público y que acrecentó para el propio Estado al que brindó su capacidad y esfuerzo laboral durante años.
Intentos de pensiones o jubilaciones compensatorias han tratado de paliar la situación, sin embargo, jubilaciones de privilegios o las que permiten aún seguir trabajando para las entidades privadas o el mismo Estado, han creado una brecha tan profunda que hacen que el estándar de vida de la persona común se vea vulnerado en comparación de quienes han ocupado cargos o cargas públicas que desde el punto de vista político o en determinados Poderes (Ejecutivo, Legislativo o Judicial) exhiben a la vista de la persona de pueblo como desatino al servicio laboral en compensación del esfuerzo realizado.
No cabe la menor duda que el mundo capitalista, globalizado y tecnológico ha medido en promedio de años de vida el tiempo útil de trabajo y rendimiento del habitante latinoamericano para dejarlo nada más que con la expectativa en posibilidad de mejorar su status o modelo de vida a lograr, pero sólo hace que este, repito, se mantenga nada más que como expectante.
Se ha calculado al mismo tiempo en cantidad de años, que debe adquirir con su poder adquisitivo, (una casa, un auto o quizás algo más) y así, darse por satisfecho. Otro tanto ocurre con el profesional universitario que actuando como "’clase media”, jamás podrá promocionar en su posición ascendiendo a empresario, apoderado, propietario o administrador de un caudal de capital que le permita o represente, riqueza o garantía de vida y por ende, salud. En cuanto al conocimiento de personas que han desarrollado el poder de elaborar, crear o innovar en el campo de la ciencia o la cultura, ocurre otro tanto, quedan presas del sistema imperante o bien jamás son reconocidas por sus producciones; por ello es que deben emigrar al exterior para alcanzar verdadero desarrollo y reconocimiento como hombres de ciencia y que por el logro obtenido su régimen de vida sea más holgado y oneroso en términos de dinero y pasar.
Particularmente les diría a los gobernantes o presidentes de todos los estados vecinos o que conforman nuestro continente americano que independientemente del crisol de razas y etnias que tenemos nuestra primera identidad está dada en la dignidad por el trabajo, y si este no está recompensado al término de la vida, quedan serias dudas de que alguna vez se consideró a esa persona como trabajador, por la entrega de casi toda su vida en servicio y que jamás será compensada.
(*) Autor de la Disciplina Artística Integrada. Filósofo, pedagogo, escritor.
