Suele volver a la vieja casona que tirita inviernos en pie, pararse mirándola como para penetrarla y llegar a la médula de esa ausencia vacía. Yo le llamo "Negro”. No sé si ése es el nombre del pequeño cusquito callejero, pero juraría que sus dueños ausentes lo llamaban así. Hoy volví a verlo. Uno a veces puede conocerle la tristeza a los perros, porque les duele en la mirada, y éste no podía disimularla. Miraba fijo e inmóvil a la puerta cerrada. Desde su interior, un silencio balbuciente parecía venir desde que el último ocupante de la casa muriera. Como un libro derogado y estéril, el almacén hoy no late, el viejo carrito de reparto debe estar en su interior rechinante de duendes y abandonos, la leña desperdigada ya no será hoguera y los gatos, agazapados de lunas menguantes en el techo, se deben mirar con recelo.
"El Negro” espera que la tarde negra le lleve negros nubarrones de recuerdos. Los perros no olvidan y -como nosotros- la memoria puede iluminarlos o arrodillarlos. Por eso no ha de abandonar la puerta definitiva que le niega el abrazo a sus amigos, y desde esa posta neblinosa donde lo acosan figuras de barro y luna, se cuelga al alma todos los días su espinita de esperas, para que alguien le revele qué es esto de no volver, qué eso de cerrar ventanas y portales así como si nada.
Un perro que espera en la puerta es un alma en pena transitando los arrabales de la indiferencia, los portales de la soledad. Creo que "El Negro” no ha ladrado desde que quedó a la total intemperie, esos temblores que duelen infinitamente más que cien inviernos; no ha musitado rezongo ni ha escalado soles de octubre, como cuando el verano era madreselvas entre suspiros de niñas y sombras de gatos que lo espiaban. No le vayan a decir que sus presentimientos son justificados; es preferible que siga al borde del mar turquesa de la esperanza, a que no tenga motivos para estar aquí, en este barrio donde se sintió alguien más que un perro, en esta gran tarde orillera donde la gente aún se sienta a la puerta de calle a ver pasar sus sueños y sus tristezas, mientras alguna brisa los besa y una que otra estrella se les cae del último corazón.
(*) Abogado, escritor, compositor, intérprete.
