El papa Francisco finalizó su riesgosa visita a Uganda, Kenia y República Centroafricana, las zonas más postergadas del planeta, donde pidió por la paz, misericordia, reconciliación y reivindicó su lucha contra la desigualdad social y pidió medidas contra el cambio climático.
El jefe de la Iglesia Católica puso a prueba su temple en uno de los grandes desafíos de su pontificado apostando por un diálogo interreligioso y ecuménico en la República Centroafricana, centro de la violencia religiosa, donde Bergoglio llamó a cristianos y musulmanes a reconciliarse para poner fin al violento conflicto. La prédica por una "Iglesia abierta" estuvo presente, no sólo en relación con los millones de pobres del continente, sino ante la migración. El mundo se ha conmovido con las imágenes del Papa, al mostrarse junto a la miseria y el hambre reflejadas en un niño víctima de esa cruda realidad.
No así en Uganda, que muestra preocupación por acoger a los refugiados, para que puedan reconstruir sus vidas con seguridad y con la dignidad de ganarse el sustento mediante un trabajo honrado. Un ejemplo para Europa y el mundo para dar un destino digno a las familias que buscan refugio. El viaje de Francisco ha dejado un mensaje que debe repercutir en todo el mundo. África es, ante todo, un patrimonio de la humanidad en constante riesgo de destrucción por desencuentros políticos y por situaciones de pobreza y exclusión, germen de delincuencia, guerras civiles y terrorismo, con repercusión global.
El comercio ilegal de diamantes y piedras preciosas, de metales raros o de alto valor estratégico, de maderas y material biológico, y de productos animales, como el caso del tráfico de marfil y la consecuente matanza de elefantes, alimenta la inestabilidad política, el crimen organizado y el terrorismo. África requiere un programa internacional de ayuda para fortalecer la educación, base de todo desarrollo y aportes tecnológicos destinados a hacer sustentable las economías regionales del continente. La fórmula de dar mayor educación y servicios esenciales, es un formidable punto de partida, junto a transferir soluciones prácticas para una mejor explotación de los recursos naturales, más ahora que sufre -como el resto del mundo- sequías y otras continencias del cambio climático con pérdidas de cosechas que se prolongan desde los últimos años.