Holanda (Países Bajos o Nederlands) es un país de Europa nororiental, situado junto al Mar del Norte; tiene 17 millones de habitantes, con una densidad poblacional de más de 450 habitantes por kilómetro cuadrado -una de las más altas del mundo-, en una extensión de 41.500 km2, algo así como la novena parte del territorio argentino, continental y extra continentalmente tomado. Es una monarquía parlamentaria -primer ministro- donde el rey (o reina) ejerce funciones simbólicas-representativas, y también ciertos poderes, especialmente cuando ha de constituirse un nuevo gobierno.

Un cuarto de la superficie total de Holanda está por debajo del nivel marítimo, de ahí la presencia de sus pólders, tierras ganadas al mar, con impresionantes diques de contención, dedicadas a cultivos diversos. En sus extensas labranzas floríferas sobresale el tulipán, realzada flor globosa muy apreciada, en distintos hermosos colores, y que nada más ofrece su belleza ya que carece de perfume. Entre los vaivenes financieros y políticos del mundo, Holanda es un Estado potente, institucional y económicamente estable, con buen estándar de vida, cuya renta anual "per cápita” -producto nacional bruto dividido en habitantes- es de 25.000 dólares.

Amsterdam, la capital, está situada sobre la desembocadura del río Zaan, y de su afluente el Amstel, que la atraviesa surcándola con un sinnúmero de anchísimos canales, que le dan importante vida fluvial y un pintoresquismo único. Allí acaba de ser coronada reina consorte "nuestra” Máxima Zorreguieta, entrando a pertenecer a la dinastía monárquica de su esposo, el flamante rey de los Países Bajos, Guillermo Alejandro de Orange Nassau.

Mujer notable, de apacible pero luminosa hermosura, espontánea en su femineidad, de excepcional calidad humana -quizá su rasgo más distintivo-, con penetrante visión de la realidad, vivamente asimilada a los protocolos reales, de extraordinaria capacidad inteletiva y perenne proyección de inquietudes, conquistó a realeza y pueblo holandés, prendiéndose con su aire de frescura y esplendidez en el corazón de todos.

Cada mujer que socialmente se precie por su valía, estatus, rango, fama, notoriedad, o circunstancias que le atañan en una prominente vida pública, ha de sentir la necesidad de realzar su apariencia, como imagen de presentación luciente ante cualquier tipo de compromiso significativo que deba enfrentar. Desde que en Nueva York -con 24 años- alternó con la aristocracia y la realeza -en una sociedad "aggiornata”-, hasta sus pasos de hoy como reina, Máxima siempre ha ofrecido su presencia con soltura y buen gusto innatos, un "’secreto” de engalanamiento personal que la ubica entre las mujeres mejor vestidas del mundo. En los momentos culminantes de su coronación, Máxima de Holanda lució un atuendo clásico, de suelta y evanescente plasticidad, en un precioso tono de azul que la cubría de serenidad.

Al asumir el trono, Máxima heredará las joyas de la corona, que alternará o combinará con finísima "bijouterie”, o modernas piezas de Tiffany’s. Regalo de su suegra Beatriz -reina saliente, ahora princesa de Orange Nassau-, es la magnífica tiara de diamantes que luce en la foto oficial, de incalculable valor, no sólo como joya, sino también por su historial en la familia real desde 1820, cuando Guillermo I de los Países Bajos la regaló a su hija la princesa Sofía.

La primera vez que Máxima usó una joya de la corona, fue durante su casamiento (2002) con el príncipe Guillermo Alejandro, cuando lució la primorosa diadema de estrellas. Otra tiara, con sencillísimo aspecto de una vincha común, está compuesta por 27 diamantes tallados circularmente, y monta dos sobre guarnición de platino. La gran tiara que Máxima uso durante su coronación -signo asimilativo de la verdadera corona real-, está trabajada con zafiros azules de Chechenia, y diáfanos diamantes de Sudáfrica, engastados sobre oro blanco y platino. Hizo resplandecer, además el famoso diamante Stuart, llamado así por haber pertenecido a María Estuardo, reina de Escocia en el siglo XVI.

Por su inusitada historia de sueños hechos realidad, por su apasionamiento de vida, por su irresistible personalidad, Máxima pisó la cumbre del mundo, consagrada con la más alta dignidad a que pueda aspirar una mujer, siendo la presencia femenina más luminosa del planeta.

(*) Escritor.