Lumni, un fondo de inversión educativo que se auto describe como "un pionero en la financiación del capital humano”, ya ha financiado los estudios universitarios de 7000 jóvenes en Chile, Colombia, México y Perú. También tiene un programa piloto con 27 estudiantes en Estados Unidos.

La gran pregunta es si esto constituye una buenísima alternativa para los millones de estudiantes que no pueden pagar una buena educación superior o mantenerse mientras estudian en universidades publicas, o -por el contrario- si estamos ante un mecanismo que, sin la regulación adecuada, podría condenar a los estudiantes a una suerte de esclavitud financiera.

Bajo este nuevo sistema, a diferencia de los préstamos bancarios, los estudiantes que obtienen un trabajo después de graduarse solo pagan un porcentaje fijo de sus ingresos -entre el 10 y 15%- por un período que no excede seis años.

Si el graduado consigue un buen empleo y gana una fortuna, gana Lumni. Si el graduado no tiene empleo o consigue uno mal pago, pierde Lumni. No hace falta una garantia bancaria, ni co-firmantes, ni pago de intereses, sólo un contrato comercial entre Lumni y los estudiantes. Si los estudiantes no pagan su deuda una vez graduados y empleados, pueden ser llevados a la Justicia.

"Nosotros no prestamos dinero, invertimos en estudiantes”, dice Felipe Vergara, co-fundador de Lumni. "Con nosotros, los estudiantes pueden reducir el riesgo de no encontrar un trabajo o no ganar un buen sueldo después de graduarse. Compartimos los riesgos, y también compartimos las ganancias”. Algunos que no obtienen empleos bien remunerados terminan pagando menos dinero del que han recibido, pero la mayoría termina pagando más, dice Vergara. De esa manera, Lumni puede seguir siendo rentable.

¿Por qué no alentar a las empresas a donar becas, en lugar de invertir en estos acuerdos de ganancias compartidas?, le pregunté a Vergara. "Si le pides a una corporación que done becas, puede que te donen dinero para 10 estudiantes. Pero si les ofreces una inversión rentable en la educación, te van a pagar los estudios de 100 o 200 estudiantes”, respondió.

"En una región donde menos del 20% de los estudiantes se gradúa, cualquier innovación que expanda las oportunidades de financiación de los estudiantes de menores recursos es bienvenida”, dice Gabriel Sanchez Zinny Jr., autor de "Educación 3.0: La lucha por el talento en America latina”. Otros son más escépticos, señalando que algunos de los países más desarrollados, como Finlandia, no solo ofrecen educación gratuita, sino que a menudo le dan a los estudiantes dinero para permanecer en la universidad.

Mi opinión: No hay duda de que estos acuerdos de ingresos compartidos tienen sus riesgos. Sin una regulación adecuada, podrían ser usados por inversores inescrupulosos para engañar a los jóvenes, e inducirlos a firmar contratos leoninos.

Pero en una región en donde muchos estudiantes ni siquiera pueden estudiar en universidades públicas gratuitas -y mucho menos en instituciones privadas- porque necesitan trabajar, y donde hay pocos préstamos estudiantiles de bajo costo, este mecanismo podría ayudar a muchos jóvenes a terminar sus carreras, y hacer que varios países se inserten más en la economía global del conocimiento.