Rescatar la figura de Luis Alberto Spinetta es una obligación, porque en medio del dolor por su partida se agigantó aún más su dimensión artística, al igual que su virtuosa calidad humana reconocida por todos quienes le conocieron. "El Flaco”, emblema en el corazón palpitante de los argentinos, quedó acuñado en cada frase sincera de las más disímiles expresiones que le enaltecieron como persona, sin el exceso arrogante que carcome la sensatez del nuevo tiempo en las controvertidas generaciones contemporáneas.

La exquisita pluma que fue capaz de inspirarse tan sólo para "robarle un color al corazón de tiza”, enamoró a millones de adolescentes, pero muchos no sabían que le escribió a su maestra, "esa muchacha que tenía ojos de papel, piel de rayón”. Sin embargo, esa poesía como otras tantas de su creación, serán dignas de nuestra literatura argentina que se diluye incomprensiblemente en el pueril lenguaje que reemplaza al todo por un "y nada+ que nada dice como artilugio de la absurdidad contemporánea.

Spinetta, un hombre simple, de pensamientos profundos sobre la vida y el amor fue parte del rock, pero lo definió desde una perspectiva distinta. Simple transeúnte que desde la existencia, construyó la esplendidez y grandeza de las cosas y de la vida. El músico genial, el poeta de la simpleza grande, el ser humano virtuoso amado y enaltecido por su humilde caminar, señalero de rumbos, no fue uno más entre los que pasamos por este mundo.