Cuando se piensa en un museo surge ante nuestros ojos una multiplicidad de cuadros de pinturas famosas o de esculturas renombradas con una idea estática y de máxima seguridad. El concepto positivo moderno de museo lo tiene hoy el Vaticano en Roma, con lo que ellos han denominado plurisensorial, destinado a sordos e invidentes.

En el primero de los casos, una guía experta va orientando a niños, jóvenes y adultos hipoacúsicos, ya sea por el lenguaje de señas o por la lectura de labios. Así va mostrando y explicando figuras sacras y pinturas con temas relativos a la Santidad especialmente de la Edad Media y del Renacimiento.

Más difícil es guiar a los invidentes para quienes se han realizado copias texturizadas con relieves de pinturas célebres; a través del tacto y aún del olfato, advierten los elementos con las que fueron elaboradas. Se trata bajo el signo de la integración de incorporar un gran número de personas ávidas de conocer y profundizar sobre los tesoros del Vaticano en materia pictórica. Esta idea de los centros museológicos como vía de intelección y descubrimiento, es decir, como materia viva y no como el pasado distribuido en oscuros rincones no es nueva, porque los museólogos consideran en la actualidad que esos lugares deben ofrecer actividades originales y diferentes destinadas a todos.

Esto marca también un camino de singular apertura del Vaticano con el Papa Benedicto XVI a la cabeza que ha mandado asimismo abrir una salita didáctica orientada a los niños que deseen ver a través de una grata recorrida con personal especializado por todos los ámbitos del museo, lo que marca otro rumbo en la política cultural eclesiástica.