El 22 de marzo de 1950, tres aviones Avro Lincoln de la base aérea de Villa Reynols realizaban un vuelo, ordenado por la superioridad, entre Río Gallegos y Ushuaia. Durante el vuelo un fuerte temporal de nieve con vientos de más de 200 km/hs. los sorprende quedando a la deriva. Dos de ellos pudieron regresar pero el tercero desapareció dando su última posición, el lago Fagnano. Inútiles fueron todos los esfuerzos realizados para dar con el paradero de esta máquina pasando a formar parte de casi una leyenda dentro de la Aeronáutica Argentina.
El avión era el Avro Lincoln B-019 integrante de una flota de bombarderos pesados que la Argentina compró a Inglaterra después de la Segunda Guerra Mundial con la tecnología que en esos años se podía pretender. En el iban 11 tripulantes, de los cuales uno era sanjuanino, el suboficial José Enrique Marcuzzi.
Este hecho quedó en el silencio durante muchos años hasta que en 1983 una noticia sin mucha resonancia daba cuenta que una expedición de la Universidad de Magallanes de Chile había encontrado en la Cordillera Darwin de aquel país, restos que más tarde se confirmó eran de ese avión argentino. En esa oportunidad no se encontraron restos humanos.
El 16 de marzo del 2009, una expedición de unos andinistas chilenos, encuentran en la morrena de un glaciar del Fiordo Parry, distintas partes del Avro Lincoln B-109 accidentado y también diversos restos óseos en principio de sus tripulantes. Este hecho se ubicó en el extremo sur oeste de la Isla Grande de Tierra del Fuego en territorio Chileno. El descubrimiento fue reconocido por la Fuerza Aérea Chilena y comunicado a su par Argentino.
Aquí comienza para los que somos los parientes directos de los tripulantes del avión, una esperanza concreta de reencontrar algo de nuestros seres queridos.
Este hallazgo nos lleva a agruparnos en una comisión de familiares con el objeto de estrechar vínculos y aprobar gestiones iniciadas en abril de 2009 ante autoridades Argentinas y Chilenas con el objeto de repatriar los restos de nuestros familiares accidentados.
Desde la comisión de familiares y durante los años transcurridos, se redactaron más de cien notas y se realizaron arduas gestiones y entrevistas presentando todo tipo de documentación y fotografías ante los presidentes de Chile y Argentina, los jefes de las Fuerzas Aéreas de ambos países y los Ministros del Interior y de Relaciones Exteriores de Argentina.
Pasaron los años desde que comenzamos a realizar estas gestiones sin obtener respuestas concretas. Esto nos preocupaba, ya que hemos aportado ideas y documentación y nos costaba creer que aspectos burocráticos o quizás de diferencias políticas, pudieran ser más fuertes que una solicitud fundada en el respeto por los derechos humanos. Todo esto por querer reencontrarnos con algo que nos pertenece como son nuestros familiares fallecidos en cumplimiento del deber y miembros activos de la Fuerza Aérea Argentina, quienes en 1950 eran pioneros al servicio de su Patria.
El 22 de marzo pasado, aniversario del accidente, se realizó un homenaje póstumo para despedir los restos de nuestros familiares. El lugar fue la 5ta Brigada Aérea con asiento en Villa Reynols de San Luis. A este emotivo acto asistieron familiares, amigos y camaradas de los fallecidos; el capellán de la base y una formación de personal de la misma. La ceremonia se realizó en el parque de la base aérea frente a un avión gemelo del caído, expuesto como recuerdo. En la ocasión se entregó en custodia a miembros de la base, una urna conteniendo restos de la tragedia y se descubrió una gran cruz con plaquetas adheridas.
Luego de palabras alusivas por parte del Elvio Mendioroz, hijo del piloto del avión caído, se realizó un minuto de silencio.
Queda así cerrado un hito histórico de nuestra aviación militar, desconocido hoy no solo por las nuevas generaciones, sino también olvidado por quienes tendrían que dar hoy una respuesta concreta a los familiares de los tripulantes y a toda la sociedad.
(*) Hermano del suboficial José Enrique Marcuzzi, tripulante del Avro Lincoln B-019.
