Cuando todo parece moverse en la perspectiva de la muerte, con todo tipo de tropelías y sospechas de acciones ilegales por parte del poder, reivindico otros itinerarios de renovación personal que nos devuelvan a otros espacios menos tóxicos, para propiciar vínculos que nos fraternicen, y así rebajar las tensiones sociales, fortaleciendo un espíritu conjunto. Conscientes de nuestras propias debilidades, los andares deben sostenerse en la certeza de la unión y la unidad, como nuestra regla existencial, si en verdad queremos entrar en un clima de concordia entre los ciudadanos. De lo contrario, continuaremos activando los conflictos y el debilitamiento de las instituciones nacionales e internacionales
Venga a nosotros, pues, ese grito de esperanza. Hagámoslo impulso diario. Aprovechemos la natural riqueza humana de la diversidad, cultivemos la justicia social como abecedario, paremos el populismo empobrecedor, el narcotráfico y todas las inútiles guerras que bloquean bien común de la sociedad.
En ocasiones, la falta de oportunidades laborales es el principal factor que impulsa a la gente a unirse a grupos extremistas violentos. Otras veces, la falta de tiempo para reflexionar, nos impide entrar en razón para corregir nuestros modos y maneras de vivir.
En la vida diaria corremos el riesgo de dejarnos apresar por este mundo material, que realmente nos absorbe y no nos sacia, porque realmente tampoco trabajamos otras voluntades, que nos hagan retomar un sentido más auténtico de nuestros lazos. Quizás nuestra primera tarea deba ser silenciar las armas para poder oír el alma; no solo las de fuego, sino de las malas lenguas que quieren eternizarse en el poder.
Como sociedad debemos restablecer nuevas rutas que acallen la violencia y aviven la cultura del abrazo, poniendo coto a los inhumanos enfrentamientos. Indudablemente, la cohesión social llegará en la medida que seamos capaces de entendernos.
La ceguera de la incomprensión
La incomprensión realmente nos ciega, nos impide sentir para cambiar el aguante; pues, son las relaciones entre semejantes lo que nos hace avanzar o retroceder. Por eso es vital conservar los anhelos para afrontar todas las dificultades y superar también los obstáculos, conciliando lenguajes a través de la escucha y conviniendo permanecer en vigilancia contra las fuerzas que quieren oprimirnos. Puede que ahora sea el momento favorable para acoger con mayor disponibilidad los diálogos sinceros, que son los que nos sitúan en la verdad y en la bondad, alejándonos de los discursos de odio. Desde luego, tenemos que modificar de narrativa, difundiendo crónicas objetivas y verídicas, que promuevan el acuerdo en lugar del desacuerdo.
La realidad es la que es y no podemos ocultarla. Impulsemos los hogares de la concordia. Al tiempo, tomemos como opción preferencial el gesto litúrgico de la ceniza con sus estaciones cuaresmales y su inspiración mística. Será bueno para crecer internamente y reencontrarnos más allá de las apariencias.
Confianza en medio de la desesperación
Nunca es tarde para reponerse. Lo fundamental es favorecer el cambio de época con la conciencia y el comportamiento. Comportarse es un espejo que recoge nuestra biografía en la tierra. Por muy grandes que sean las adversidades y la desesperación, siempre contaremos con un rayo de confianza. Los seres humanos se reavivan, a poco que les inunde la ilusión de mejorar, de salir de esta situación agobiante de pobreza y miseria en la que vive gran parte de la sociedad por causa de este populismo que es símil dictadura. Que no se inmuta por nada ni por nadie, acostumbrado a convivir con el terror entre las manos. Esta actitud de bochorno, nos aletarga interiormente, oscureciéndonos la mirada y ensombreciéndonos los caminos. Debemos, hoy más que nunca, recuperar nuestra propia moral, para poder reaccionar ante la realidad del mal que siempre nos desafía. La confusión es grande ciertamente. Pero la apuesta por lo auténtico es el mejor sol para salir de esta niebla que nos mortifica y trascender al reino de la poesía, donde lo único que se desprende es la enternecedora luz eterna.
Víctor Corcoba Herrero
Escritor
