Dice una conocida copla tradicional atribuida a Machado: "Ni contigo, ni sin ti, tienen mis males remedio; contigo, porque me matas; Y sin ti, porque me muero". No es un afán poético el que me mueve, sino el graficar con estos versos, la cuestión que he de tratar: los falsos dilemas. Repárese en el desenlace de la copla. Elija lo que elija, el final es el mismo: el personaje muere. Es la trampa propia de los falsos dilemas. Su uso es común en el discurso político, aunque ganó terreno en otros debates públicos. En esta pandemia fue utilizado para argumentar la pretendida dicotomía entre salud pública y economía. Falaz por donde se lo mire.
Ahora bien, ¿en qué consiste y cómo funciona el falso dilema? Esencialmente, se trata de un "argumento formado por dos proposiciones contrarias disyuntivamente, de tal manera que, negada cualquiera de las dos, queda demostrada una determinada conclusión" (DRAE, julio de 2017) El esquema de funcionamiento es sencillo: se apela a argumentos autoexcluyentes que conducen a un callejón sin salida. No habría escapatoria para llegar a la adhesión que procura quien los utiliza. Suponen un razonamiento engañoso (falaz, del latín fallacia "engaño") que se presenta como verdadero. El éxito de este recurso radica en hacernos creer que tal disyuntiva es la única alternativa. Quedamos así encerrados en la trampa del mal menor. He aquí un punto que debemos aclarar: un mal moral no se convierte en bien porque se lo elija en lugar de otro mal mayor.
"El éxito del recurso del falso dilema radica en hacernos creer que tal disyuntiva es la única alternativa. Quedamos así encerrados en la trampa del mal menor"
En los últimos días apareció nuevamente en escena. En la aparente contrariedad de dos proposiciones: salud pública y libertad religiosa. Digo aparente porque en realidad las dos proposiciones no están en el mismo nivel ni son contrarias entre sí. La salud pública hace al bien común que es responsabilidad del estado, mientras que la libertad religiosa es expresión de la libertad interior del individuo. Juan Navarro Floria, la define como "la libertad de tener una creencia religiosa, o no tenerla, cambiarla, manifestarla individual o asociadamente en público o privado, practicarla mediante el culto, la celebración de ritos…" ("La regulación legal de las confesiones religiosas en el mundo" http://www.calir.org.ar /pubrel1.htm).
Situar en el mismo nivel de contrariedad la salud pública y la libertad religiosa es forzar la argumentación para imponer una conclusión. El dilema es falso porque la disyuntiva no es la única opción viable. Puede existir otra alternativa que minimice riesgos y violente lo menos posible las libertades personales. No importa sí es una Parroquia, una Sinagoga o un Templo. No es una salida recreativa a un edificio, lo que se está debatiendo. Es el derecho a manifestar externa, individual y colectivamente, la religión de cada cual (art. 1¦ de La Declaración de Naciones Unidas sobre Eliminación de todas las formas de Intolerancia y Discriminación fundadas en la religión o las convicciones, 1981).
No seamos ingenuos. Cuando se utiliza el falso dilema hay una maniobra engañosa y desleal. Se argumenta que en una situación sólo hay una salida, cuando en realidad pueden existir otras opciones. Pero tal vez lo más delicado sea que, quien utiliza esta figura parte de su propia visión del tema, presentando alternativas inaceptables que conducen a la conclusión querida. Al parecer, el verdadero dilema del falso dilema, termina siendo moral.
Por Miryan Andújar
Abogada, docente e investigadora
Instituto de Bioética de la UCCuyo
