Las tormentas de lluvia y granizo que afectaron prácticamente a todo el territorio provincial, el martes y miércoles de la semana pasada, volvieron a plantear la indefensión de la población frente a una precipitación atípica. En esos días cayó en pocas horas la quinta parte del promedio de lluvia anual en San Juan, y las consecuencias fueron diversas, pero nadie escapó de la vulnerabilidad en donde lo sorprendió la tormenta.
Ha sido una contingencia natural, pero previsible según los partes meteorológicos, que dejaron decenas de familias evacuadas por viviendas destruidas por el agua y el granizo, más 500 establecimientos escolares afectados por filtraciones y daños en las instalaciones eléctricas, impidiendo dar clase en 700 escuelas públicas. Valle Fértil estuvo tres días sin electricidad y San Agustín aislado por las rutas cortadas. Nuestra ciudad vivió el caos, desde el Centro Cívico que debió evacuarse por el ingreso incontenible de la lluvia, hasta las calles del microcentro imposibles de contener el agua caída debido a las alcantarillas y acequias taponadas, algunas desde hace décadas.
Este panorama se observaba también en el Gran San Juan y otros departamentos, donde la falta de compactación de trabajos en las calles hizo ceder el terreno dejando baches y zanjas que se sumaron a las grietas y desniveles de la falta de mantenimiento. Si los municipios pusieran el mismo empeño de la colocación de los tortuosos "pianitos" en la conservación del pavimento, y en las inspecciones de las obras que quedan inconclusas en la carpeta asfáltica, no existiría el deplorable estado actual. Camiones y colectivos atrapados en los socavones, dan fe de problemas que son evitables.
La situación en Jáchal requiere una atención como consecuencia de la cantidad de edificaciones con estructuras muy precarias que cedieron por el peso del granizo y el impacto del agua, derrumbando techos y paredes, lo que presupone un riesgo mayor ante un movimiento sísmico.
El fenómeno climático fue inusual, pero no sorpresivo por las pronunciadas alteraciones meteorológicas actuales, y debe llevar a los organismos responsables a trazar estrategias para enfrentar contingencias naturales, previendo trabajos de rutina para evitar la pérdida de días de clase, que las calles y las veredas sean transitables, y que entes como la Defensa Civil aparezcan para asistir a una población desprotegida por ausencia de obras básicas y servicios de emergencia.
