La fuga del penal de máxima seguridad de General Alvear de los condenados por el triple crimen, ha puesto en tela de juicio las condiciones en que se encuentran las unidades carcelarias del país y la eficiencia que tiene cada una de ellas. Asimismo, en nuestra provincia ha instalado nuevamente el tema del mal estado y la poca capacidad de la cárcel de Chimbas, y la necesidad de construir un nuevo instituto penal que cumpla con las exigencias de los servicios penitenciarios más modernos, para promover una real rehabilitación de los internos.

Desde el Gobierno provincial informaron que en febrero próximo se reiniciarán las gestiones ante la Nación para obtener el financiamiento de la nueva cárcel, que implicará una inversión cercana a los 1.000 millones de pesos.

Fue durante la anterior gestión de gobierno que se consideró la necesidad de una nueva unidad carcelaria debido a que el actual Instituto Penal de Chimbas ya estaba al límite de su capacidad. Actualmente, esta dependencia alberga a casi 1.300 internos, entre procesados y penados, por lo que urge contar con un nuevo edificio para evitar el hacinamiento y poder llevar a cabo la tarea de rehabilitación que está pendiente.

Los internos deben tener la posibilidad en una nueva unidad carcelaria de realizar diversas actividades productivas que los oriente a encausar sus vidas o a completar estudios primarios y secundarios, sin descartar la posibilidad de acceder al nivel universitario.

La producción de bienes de consumo de cualquier rubro es una actividad que la población carcelaria debe poder realizar en las nuevas dependencia, poniendo a disposición de toda la comunidad sus productos elaborados dentro de la institución. Para ello es necesario que el edificio a construirse incluya distintas áreas específicas, con sectores destinados a fábricas y talleres, y salas en las que los internos puedan estudiar y capacitarse en variadas especialidades. También deberá contar con un área destinada a cultivos, como productos de chacra.

El objetivo es que estas personas privadas de la libertad utilicen su tiempo realizando actividades productivas que los hagan sentirse útiles y que contribuyan de alguna forma con la comunidad realizando su aporte a instituciones de bien público, centros comunitarios o centros de ayuda de sectores carecientes, que siempre necesitan colaboración.

La nueva cárcel no sólo debe contemplar una mayor capacidad para albergar a un número mayor de presos, sino ofrecer una mayor calidad de rehabilitación que es, en definitiva, el objetivo de todo instituto penitenciario.