La visita fue errática desde el inicio. Trump se reunió con el presidente Enrique Peña Nieto, y lo alabó repetidamente, mostrándose extremadamente cordial a pesar de que durante los últimos 12 meses había prometido que le hablaría durísimo. Pocas horas después, Trump regresó a Estados Unidos e hizo un discurso incendiario contra México en Arizona.
Para empeorar las cosas, afirmó que no había hablado con Peña Nieto sobre quién pagaría su muro en la frontera. El presidente lo desmintió poco después en un mensaje de Twitter, señalando que él había dicho inequívocamente a Trump que México no pagaría por el muro, y tácitamente describiendo al candidato como un mentiroso.
Pero el resultado más visible de la visita fue una avalancha de críticas contra Peña Nieto por haber invitado a Trump, y no haberle pedido una disculpa por sus insultos a México. La mayoría de los mexicanos dice que Peña Nieto también le dio a Trump una oportunidad de oro para salir en la foto junto con un presidente, la imagen que tanto busca el estadounidense. Trump es probablemente la figura más odiada. Sólo el 2% de los mexicanos tiene una opinión favorable.
Y Peña Nieto, cuya popularidad había caído al 25% antes de la visita de Trump, es ahora uno de los presidentes mexicanos más impopulares en la historia reciente. Hay una marcha contra el gobierno para este jueves, y varios columnistas están pidiendo la renuncia del presidente. La gran pregunta es cuán generalizada, y cuán antiestadounidense será la creciente reacción nacionalista.

El candidato opositor populista para las elecciones de 2018, Andrés Manuel López Obrador, le está diciendo a su público que si gana, México ya no será una ‘colonia” de EEUU, usando el mismo lenguaje de los regímenes de Venezuela y Cuba. Eduardo R. Huchim, columnista del diario Reforma, sugirió que Peña Nieto debería decirle a Trump que, si gana, México ‘pondría fin a su colaboración en materia de narcotráfico” e incluso podría revisar las inversiones y transacciones de EEUU en el país.
Peña Nieto ‘ha desatado una ola de fervor nacionalista” en México, según el politólogo José Antonio Aguilar Rivera. Dice que ‘las implicaciones simbólicas” de la visita de Trump incluyen ‘imágenes de entrega, de ceguera, enormes”.
Mi opinión: La demagogia barata de Trump contra los mexicanos, los musulmanes y otros grupos amenaza con desatar una ola mundial de antiamericanismo. Trump sería el presidente ideal para aquellos que aducen que Estados Unidos es un imperio racista, y que usan el ‘antiimperialismo” como excusa para agitar a las masas. México tiene una larga historia de nacionalismo revolucionario, que sólo se atenuó tras el acuerdo de libre comercio de América del Norte de 1994. Generaciones de mexicanos han crecido con los libros de texto que se refieren a Texas y California como ‘territorios de México usurpados por Estados Unidos”. Con su visita a México, Trump demostró que no sólo es demagogo básico que no puede hacer una visita al exterior sin crear un incidente internacional, sino que probó también que sería una amenaza para la seguridad nacional de Estados Unidos que podría desencadenar una reacción nacionalista antiestadounidense en la propia frontera.