En materia de derechos humanos y democracia, Trump se apartaría radicalmente de la política bipartidista estadounidense de las ultimas cuatro décadas de colocar el respeto a los derechos humanos y la democracia entre las condiciones clave para las buenas relaciones de Washington con los países de la región. Trump no insistiría en el respeto a los derechos humanos.

‘El americanismo, no el globalismo, será nuestro credo’, dijo Trump en la Convención Nacional Republicana el 21 de julio. Quien se ha expresado varias veces en términos positivos sobre Vladimir Putin, dijo que no exigiría que Turquía y otros aliados autoritarios de Estados Unidos respeten los derechos humanos. ‘No creo que tengamos el derecho de sermonear’ a otros países, declaró a The New York Times. Al preguntársele si eso significaba que considera mas importante que un país sea un aliado a que sea una democracia y respete las libertades básicas, Trump respondió: ‘Necesitamos aliados’.

Clinton, por otra parte, dijo que mantendría la tradición bipartidista que han apoyado presidentes demócratas y republicanos desde mediados de 1970, de exigir a los aliados y rivales de Estados Unidos que respeten las libertades fundamentales.

El aislacionismo de Trump haría regresar la política exterior norteamericana a los días de la Guerra Fría, cuando Washington apoyaba a regímenes represivos de derecha, como el de Anastasio Somoza en Nicaragua, bajo la premisa de que eran aliados. El presidente Franklin D. Roosevelt habría dicho en 1939 que ‘puede que Somoza sea un hijo de p…, pero es nuestro hijo de p…’.

Sobre inmigración, Trump repitió en su discurso la promesa de construir un muro en toda la frontera con México, y de deportar a millones de inmigrantes indocumentados, quienes dijo ‘andan por ahí amenazando a ciudadanos pacíficos’.

Trump no mencionó el hecho de que la gran mayoría de esos 11 millones de inmigrantes indocumentados son gente trabajadora, que según varios estudios cometen menos delitos que los estadounidenses de nacimiento. Clinton, por otra parte, dijo el 28 de julio que ‘no vamos a construir un muro’, y que ‘vamos a construir un camino hacia la ciudadanía para millones de inmigrantes que ya están contribuyendo a nuestra economía’.

En cuanto a comercio, Trump parece más dispuesto a renegociar o aniquilar el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte, firmado entre Canadá, Estados Unidos y México, y el recientemente firmado Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP). Clinton, quien apoyó estos acuerdos comerciales en el pasado pero ahora se opone al TPP, se hizo eco de la dudosa narrativa de que estos acuerdos perjudican a los trabajadores estadounidenses.

Mi opinión: Las políticas de Trump sobre inmigración y comercio perjudicarían a América latina, y serían un desastre para Estados Unidos. Pero lo más preocupante es que el abandono de Trump de la tradición bipartidista de defender los derechos humanos y la democracia daría luz verde a futuros dictadores. Ya hemos visto esta película, con dictadores como Somoza, y casi siempre termina mal. Porque las alianzas con dictadores ‘amigos’ reducen la credibilidad e influencia de Estados Unidos en el mundo, y generan una reacción contraria.