El interés de hacer referencia a la participación del "Batallón San Juan"en la Guerra de la Triple Alianza ocurrida en el siglo XVIII responde a un deseo irrefrenable de ofrecer detalles de dicha contienda bélica que nunca tuvo una difusión concreta en medios nacionales consultados, ignorándose el sacrificio y la sangre derramada por los valientes sanjuaninos en el curso de esa guerra.

Corresponde anticipar que las tropas de San Juan, intervinieron en el "Combate de Estero Bellaco" el 2 de mayo de 1866; luego en la "Batalla de Tuyutí" el 29 del mismo mes y año. Seguidamente en el "Combate de Palmar y Boquerón" el 18 de julio y en el "Asalto de Curupaytí", el 22 de septiembre del mismo año.

De conformidad con el llamado que hacía la patria a sus hijos, se alista una pléyade de jóvenes pletóricos de heroísmo al histórico "Batallón San Juan” integrado por 336 hombres, para ir a derramar la generosa sangre en holocausto al honor patrio mancillado y al territorio pisoteado por el invasor paraguayo, el dictador Francisco Solano López.

Antes de partir las tropas hacia la Provincia de Santa Fe, el gobernador Camilo Rojo las despide con la siguiente proclama:

"Guardias nacionales: como la sabéis, el Pabellón de Mayo ha sido ultrajado alevosamente por el déspota Gobierno del Paraguay, invadiendo la provincia de Corrientes, en medio la paz de que gozaba a la par de las demás de la República. El Jefe del Estado os llama a tomar el puesto que corresponde en el ejército que marcha a vindicar el honor nacional… (sic)".

Más adelante expresaba: "Los jefes y oficíales que os acompañan son los mismo que en otras veces combatieron a vuestro lado en La Rinconada, Lomas Blancas, Playas de Córdoba y Caucete. Compartiendo con vosotros las privaciones y los peligros para hacer flamear victorioso ese pabellón que hoy vais a defender y a cuya sombra, soldados de San Juan a las órdenes del general San Martín, vencieron en Chacabuco y Maipú… Guardias Nacionales de San Juan, podéis pues, marchar tranquilamente, persuadidos de que quedáis envidiados de aquellos de vuestros compañeros a quienes no les ha cabido en suerte volar al servicio de esa campaña grande y gloriosa. Que el cielo os guarde y os hagáis dignos de vuestros gloriosos antecedentes, son los votos de vuestro gobernador y amigo (sic)".

Al mes y medio después, estuvo el primer contingente en Rosario, Santa Fe, al mando de su comandante Rómulo Giuffra listo para emprender el camino de la gloria. En los campos de batalla los sanjuaninos tuvieron una destacada actuación en aquella horrible contienda, tocándoles combatir en diferentes puntos, siendo los más sangrientos, el de Curupaytí y el de Boquerón, donde cayeron heridos los valientes jefes: el coronel Giuffra habiendo muerto gloriosamente en el mismo combate y el capitán Lisandro Sánchez, que fuera el primero en clavar la bandera de su batallón en la trinchera enemiga.

Se destacaron también -entre otros- los soldados Santiago Esquivel que fue el primero en seguir al capitán Sánchez en la toma de esas defensas, e Ignacio Acuña, que cargó en sus hombros al comandante Giuffra cuando cayó herido mortalmente, evitando con ello, que quedara en poder del enemigo.

Sanjuanino también lo era el comandante de la 5a y 6a brigada, el entonces coronel don Cesáreo Domínguez, ascendido a general en el mismo campo de batalla. Este notable oficial falleció hacia marzo de 1867 cuando se desató una epidemia de cólera que se extendió por campos de Argentina y Paraguay, afectando a tropas brasileñas y demás combatientes involucrados en 3a contienda.

Es de recordar que en la misma guerra, murió gloriosamente durante los combates el soldado Domingo Fidel Sarmiento, hijo adoptivo de nuestro maestro, periodista, escritor, soldado, político y estadista Domingo Faustino Sarmiento. Estos y otros acontecimientos bélicos ocurrieron en los meses de mayo y siguientes de 1866, En esta guerra llamada de la Triple Alianza, obviamente integrada por tropas argentinas, brasileñas y del Uruguay.

Como ha sido tradicional en las guerras o contiendas libradas en el curso de la historia, el vencedor de ellas obtiene como botín las banderas, escudos y símbolos emblemáticos de los vencidos, asimismo el armamento y demás abastecimientos de las tropas enemigas, a modo de resarcimiento por las pérdidas propias.

Otro tanto ocurrió en el caso citado. Con referencia a la Argentina, además del armamento utilizado por el enemigo, también se saqueó el palacio donde residía el déspota paraguayo, trayéndose al país hasta los muebles con que éste había vestido esa residencia oficial. Cabe significar que los bienes aludidos, fueron depositados en museos y lugares históricos quedando como patrimonio inexcusable e imprescriptible de la Nación Argentina, esto es, sus ciudadanos, para testimoniar las gestas libradas a partir del nacimiento de nuestra Nación. En ese sentido, recordaremos otros casos similares: el sable de un comandante inglés que se rindió durante las invasiones de 1806 y 1807 al Virreinato del Río de la Plata.

Las banderas de ejércitos españoles durante la guerra de la Independencia (en San Juan conserva la enseña del Regimiento de Talavera obtenida por las tropas libertadoras del Gral. José de San Martín). Sin embargo, ese patrimonio histórico argentino que ha permanecido incólume en nuestro país durante muchos años, fue utilizado por políticos contemporáneos para congraciarse y ganarse el fervor de sus similares de otros países, arguyendo pseudos sentimientos de buena voluntad o de "reparación" de antiguas disputas. O sea, usar de lo ajeno para vanagloria propia, sin importarles el sacrificio, el sufrimiento y la sangre derramada por nuestros héroes de otros tiempos.

En una próxima nota el autor detallará dos ocasiones en que se procedió de esta forma, es decir con la devolución de trofeos obtenidos durante contiendas bélicas.

(*) Abogado.