Época de oro de nuestra música, la cuyana digo. Compartiendo un almuerzo con los Quilla Huasi, allá por el legendario Pocito, por el sesenta y tantos, hicieron cantar a un matrimonio que estaba entre los invitados y que era admirador de los Quilla. Dijo uno de ellos algo así como que eran cantores en familia, pero sorprendieron por su frescura y el amor que le pusieron a lo que creo recordar fue una tonada sanjuanina cantada de un modo especial, pero bien cuyano por cierto.

Nosotros ya habíamos comenzado nuestra carrera con la música. Eran muy pocos los que podían grabar en un sello nacional o internacional. Tuvimos esa dicha o fortuna. Y al poco tiempo, el matrimonio de las voces frescas hizo honor a ese atributo y formaron ‘Los Manantiales”. Hablo de Pepe y Marta de Lloveras, que juntaron ilusiones musicales con Beto Ávalos y Luisa de Ávalos, y bastante rápidamente comenzaron a grabar en un sello nacional con mucho éxito. Fueron numerosos discos de aquellos enormes Long Play de vinilo que se arremolinaban en sonidos y emociones en los viejos grabadores Geloso, compitiendo con pájaros y vientos dulces; y luego los centros musicales, de depurado sonido.

Con ellos compartimos el honor de ser -entiendo- los sanjuaninos que más grabaciones lograron en esa época. Era ver desde la magia y el ensueño nuestros rostros y canciones de raíz sanjuanina en las tapas de los larga duración, dando vueltas por el país y parte del mundo, calesitas de sueños y quimeras logradas, metas muchas veces ni imaginadas.

Los Manantiales hicieron escuela en esa aventura frutal de difundir la música de la región, cuando la avalancha de norteños y litoraleños nos apabullaba. Firmes a las convicciones, jamás arrugaron ni vendieron el alma al diablo ni al mercado. Eso les debemos. No es poco.

El conjunto se enriqueció con la participación de músicos señeros como Ernesto Villavicencio, Ricardo Gregoire, Roberto Díaz, Silvia del Carmen, etc. y paseó tonadas enamoradas, valses serenateros y cuecas cadenciosas por escenarios donde nuestra música era extrañada y de este modo fue una vez más respetada.

La versión de ‘Corazón”, la cueca cuyana del gran Saúl Quiroga (un logrado mix de picardía con glamour), fue el primer escalón para que este tema, éxito en sus voces, fuera grabado por los principales intérpretes nacionales. El querido Saúl debe de estar enviándoles mensajes de humo multicolor desde su infinito, porque en una utopía de sus noches vallistas, ‘Corazón” trepó el viento del oeste y se fue hasta el ‘siempre”, lugar de pocos, encaramada en voces dulces, decidoras y bien sanjuaninas.