La autoproclamada victoria de Brasil en Irán ha llevado a muchos comentaristas a especular que el gigantesco país sudamericano se convirtió en un protagonista clave de la diplomacia mundial. Probablemente se equivocaron, o hablaron demasiado pronto. En lugar de un triunfo diplomático, el anuncio hecho por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva el lunes último, de que Brasil y Turquía habían sellado un acuerdo con Irán para resolver el conflicto sobre el programa nuclear iraní, podría pasar a la historia como un caso de megalomanía diplomática.
¿Por qué Lula trata de resolver los mayores problemas del mundo -caso del programa nuclear iraní o el conflicto palestino-israelí- mientras no alza un dedo para mediar en disputas que están mucho más cerca, en Latinoamérica? Después de firmar el acuerdo trinacional en Teherán, Lula se tomó de las manos con el hombre fuerte de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, y el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan, y proclamó que el acuerdo era una "victoria de la diplomacia".
Según el pacto, que intentaba disipar los temores de Occidente sobre la violación a las reglas de no proliferación de las Naciones Unidas, Irán accedió a enviar a Turquía 1200 kilos de uranio con bajo nivel de enriquecimiento y recibir a cambio un año más tarde, 120 kilos de uranio enriquecido de Rusia y Francia para fines pacíficos. Este acuerdo es similar al ofrecido por Estados Unidos, Rusia, China y Europa en octubre pasado, que Irán primero aceptó y luego declinó.
Funcionarios brasileros y turcos dijeron que Irán hizo esta vez concesiones significativas, porque hasta ahora era renuente a enviar su uranio al exterior. Pero horas después de que Lula cantara victoria, la secretaria de Estado Hillary Clinton anunció que EEUU, Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Alemania acordaron imponer sanciones a Irán. En otras palabras, las potencias mundiales consideraron que el pacto de Lula era otra estrategia dilatoria de Irán para ganar tiempo mientras continúa desarrollando armas atómicas.
Los analistas ven con escepticismo este acuerdo. "No creo que haya sido una victoria diplomática", me dijo Sharon Squassoni, experta del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington y ex funcionaria de Clinton. "Más bien fue una maniobra de Irán para evitar nuevas sanciones internacionales. Desde ese punto de vista, les salió mal".
