La crónica diaria se nutre de numerosas referencias de los sectores más necesitados de la sociedad, en particular de chicos escolares, que deben recorrer largas distancias a pie para asistir a la escuela u otras ocupaciones por falta de recursos. El colectivo ya es un medio que para ellos dejó de ser accesible y pensar en tener bicicleta es un sueño irrealizable para la mayoría de los carecientes.

Sin embargo movilizarse en el más elemental de los rodados es posible gracias a la solidaridad, como lo vienen demostrando organizaciones de bien público, caso del proyecto social porteño La Rueda Popular, que desde hace dos años reacondiciona y dona bicicleta para quienes las necesitan y no pueden comprarlas. Un ejemplo a imitar en San Juan para recuperar bicicletas abandonadas o retenidas en hechos delictivos.

La ONG citada lleva donadas 500 bicicletas a la Ciudad de Buenos Aires y zonas rurales del país, junto con útiles escolares y elementos para comedores escolares. No hay apoyo estatal ni subsidios, solo imaginación y espíritu solidario, ya que el plan se sostiene con el 20% del arreglo de cada rodado en una bicicletería y del dinero que dejan voluntariamente los ciclistas junto al compresor donde inflan los neumáticos. De ese fondo común, se refaccionan las bicicletas con costos que van desde los 800 a los 1.000 pesos. Por eso piden a los donantes que los rodados en desuso estén completos para que el arreglo sea más barato.

La fórmula de La Rueda Popular es tan sencilla como efectiva de realizar, y en San Juan existen entidades sin fines de lucro y comerciantes del rubro solidarios para encarar un proyecto similar a partir de recuperar cientos de bicicletas abandonadas.