El Instituto del Transporte de la Academia Nacional de Ingeniería ha dejado en claro que en nuestro país el ferrocarril debe jugar un importante papel en el tráfico de cargas masivas en distancias medias y largas, y en el transporte de pasajeros en la región metropolitana. Esto se basa en que carecería de sentido económico o social utilizar el ferrocarril para transportar pasajeros en media y larga distancia, ya que requeriría grandes inversiones para lograr las velocidades y seguridad acordes a los requerimientos que actualmente se imponen en el mundo.
Por ese motivo, la política ferroviaria nacional debería apuntar precisamente a los objetivos citados, es decir proporcionar una solución eficiente a cada una de las necesidades de transporte, especialmente en la ciudad de Buenos Aires donde siguen muy complicados los congestionados accesos por automotor.
La decisión del Gobierno nacional de entregar la operación de cuatro líneas de los ferrocarriles metropolitanos a dos empresas privadas, parece ir en ese sentido, dejando de lado los anhelos de reestatizar todo el servicio a cambio de alcanzar una mayor eficiencia en el transporte de pasajeros.
El servicio ferroviario de cargas de media y larga distancia también debe recibir un trato similar para alcanzar la eficiencia que desde las provincias se está reclamando, como una alternativa válida al transporte de camiones, en busca de abaratar fletes y lograr mayor eficiencia y competitividad.
De todas maneras todo esto representa un desafío que exigirá condiciones apropiadas para la inversión , entre las que se destacan las reglas que sean previsibles, la seguridad jurídica, controles eficientes y tarifas razonables.
