Ramón del Valle Inclán (Noviembre de 1921)
Uno llega exhausto del trabajo, suelta el maletín, y por fuerza de la rutina, en quizás el único momento que tiene para compartir con los suyos, toma el control remoto y sucumbe a la boba caja, que por estos días es boba, pero slim o ultradelgada.
Entonces -como si no bastara la bruma de novedades del trabajo- sintoniza el canal local para ver qué pasó en San Juan y el resto del mundo… y aparece el esperpento y su séquito. Uno rápidamente recuerda que la hora de la tardía cena está invadida por el retablo del canal del solcito y manotea nuevamente el control para huir, pero en otros cinco canales hablan de él y repiten el sonsonete de las oquedades de los días previos. No piense que se salvará a otras horas: el resto del día le recuerdan que "éste es el show".
El propio Ramón del Valle Inclán, creador del término "esperpento", jamás imaginó que una deformación grotesca de la realidad de un país lejano en tiempo y espacio engendraría esa pesadilla andante que es el muñeco de chocolate.
Valle Inclán inventa el término "esperpento" para referirse a una creación grotesca en la que la ficción y la abstracción del personaje marionetizado -y su mundo de referencia inmerso en el absurdo- desvelan la verdad cruda y amarga de la condición humana y su realidad histórica (Kunicka, E., 2008). En el escenario esperpéntico no actúa una simple marioneta, sino un "fantoche humano": figura con apariencia humana que ha experimentado una deformación y deshumanización grotesca, ostentando su condición ambigua entre ser humano y materia animada.
Repaso las cuatro definiciones de "fantoche" según la Real Academia Española: "Persona grotesca y desdeñable.// Sujeto neciamente presumido.// Persona vestida o maquillada de forma estrafalaria.// Muñeco grotesco frecuentemente movido por medio de hilos."
Nótese la inevitable quíntuple repetición del término "grotesco". Para Valle Inclán el sentido trágico de la vida sólo puede ofrecerse con una estética sistemáticamente deformada, que dicho término representa.
Algunas de las características de esa estética son: 1- Lo grotesco como forma de expresión: la degradación de los personajes; la reificación o cosificación de los personajes, reducidos a mero signo o a muñecos; la animalización o fusión de formas humanas y animales; la literaturización del lenguaje coloquial, frecuentemente investido de todo tipo de intertextualidades; el abuso del contraste; la mezcla de mundo real y de pesadilla o la distorsión de la escena exterior.
2- La deformación sistemática de la realidad: la apariencia de burla y caricatura de la realidad; el significado profundo, semi transparente, cargado de crítica e intención satírica que constituye la auténtica lección moral.
Una de las reflexiones más importantes que plantea la creación esperpéntica es si se trata de una imagen deformada de la realidad, o si se trata de la imagen fiel de una realidad deforme. Opino que asistimos a una realidad deforme, que nosotros mismos legitimamos al asistir cada noche a esta tragedia de fantoches.
Como dice Valle Inclán: las imágenes más bellas, en un espejo cóncavo, son absurdas. El autor era asiduo de un famoso bar situado en el madrileño "Callejón del Gato", cuya característica más llamativa era la fachada, donde se hallaban unos espejos cóncavos y otros convexos que deformaban la figura de todo aquel que posara frente a ellos. Esto, que se convirtió en un entretenimiento de la época, sería utilizado por Valle Inclán como inspiración. La deformación de la realidad bien podía ser divertida, como de hecho lo era para los transeúntes, pero podía convertirse en algo más: en un espejo social, en una crítica, en una deformación de la realidad exagerada.
Sirva todo esto para dar un poco de sentido a tanta extravagancia ridícula y mamarrachada. Usted, lector, que no puede evitar quedar hipnotizado por las danzas sensuales, los cuerpos envaselinados y el sainete de los muñecos, piense por un momento que presencia una función del Teatro Dei Piccoli, disfrutando de este particular ser escénico, grotesco y siniestro en su fuerza dramática: el títere con apariencia humana.
