A pesar de la disminución de los índices de desocupación, gracias al crecimiento de la economía y al esfuerzo oficial para alcanzar una equitativa distribución del ingreso, se mantiene la permanencia de la pobreza. Prueba de ello son las protestas de sectores carecientes, olvidados por la asistencia social, y sin encontrar una salida para acortar la brecha con los que tienen una vida digna.

Según recientes estudios sobre esta inequidad, un amplio sector de la población tiene trabajo no registrado, o en "negro”, causante de esta contradicción del crecimiento. Para la Sociedad de Estudios Laborales, existe una masa muy grande de empleo no registrado y por ello carente de prestaciones sociales y previsionales, lo que lleva a la pobreza crónica. Es la denominada periferia del mercado laboral que no tiene protección legal, ni seguridad social, ni tampoco los acuerdos salariales y condiciones de trabajo que obtienen los registrados a través de la negociación colectiva.

Las consultoras independientes aseguran que la indigencia afecta al 6,1% de la población y la pobreza al 22,9%, más de dos veces las cifras oficiales. Tampoco la instrumentación de la Asignación Universal por Hijo tradujo en una sensible disminución de la pobreza y la indigencia, proceso que estaría indicando que el aumento en el ritmo de variación de los precios, que afecta más a los sectores de menores recursos.

Todo esto revela que después de casi una década de crecimiento de la economía y, obviamente, del empleo en el país, se mantenga una tasa de empleo en negro de un 34,1% en el primer trimestre de este año, según el INDEC. Este indicador fue 33,7% en los últimos tres meses de 2010. De acuerdo a estas cifras, el nivel de empleo no registrado es similar al promedio de los años ’90, lo que se explica en los enormes costos laborales del empleador.

También está distorsionado el nivel de ingreso en la clase media, no obstante la gran expansión del empleo, porque también el trabajador registrado capta actualmente una porción inferior del ingreso de comienzos de la década del "90. Por eso sólo el 17% de la clase media puede comprar una vivienda, consecuencia del bajo incremento de los salarios reales. La voracidad fiscal y particularmente tributaria, sigue engordando al erario para disponer de mayor caja política.