Es una realidad que la actividad minera en los departamentos cordilleranos ha mejorado notablemente el nivel ocupacional de la población, al haber generado puestos de trabajo con muy buenos ingresos y perspectivas de progreso. No obstante lo beneficioso que esto resulta, hay que tener en cuenta un aspecto al que hay que apuntalar para que la actividad agrícola ganadera que se desarrolla en estos lugares no desaparezca a consecuencia de la falta de mano de obra, un problema que se ha comenzado a evidenciar desde hace un tiempo a esta parte.
La mayoría de los emprendimientos agropecuarios están afrontando la escasez de trabajadores que se ven atraídos por la minería por los mejores salarios que superan ampliamente a los del campo. A excepción de algunos proyectos que fueron encarados previendo esta situación, la mayoría de las fincas o estancias, administradas por sus propios dueños, recurren a familiares y amigos para realizar las tareas que anteriormente se hacían con personal contratado. Cada vez se hace más difícil conseguir obreros que quieran trabajar en la tierra y de acuerdo a las estimaciones, el problema se agravará con los nuevos proyectos mineros.
Las alternativas de solución son avanzar con un plan de desarrollo estratégico para una economía sustentable, pero también hay que pensar en corto plazo en la tecnificación del campo, a fin de automatizar muchas de las tareas. De lo contrario, mejorar las condiciones de comercialización de los productos -por ahora muy desfavorable por la incidencia de los fletes y otros costos fijos- de tal manera que el productor pueda ofrecer mejores sueldos o interesar a personas de otros puntos de la provincia a trabajar en el lugar.
