En todo el mundo el alcohol es una de las principales causas de accidentes de tránsito, y la Argentina no es ajena a esta preocupante verdad. Los expertos en salud y en seguridad vial señalan que la relación entre alcohol y accidentes de tránsito es directa, a punto tal que éstos son su primera causa de muerte, según lo señalan las estadísticas oficiales.
El año pasado hubo 7.512 muertes por accidentes fatales de tránsito en el país, y en un tercio de ellos el alcohol fue protagonista. Las bebidas alcohólicas hacen que las respuestas y las maniobras ante cualquier eventualidad vial sean torpes y lentas. Embota los sentidos disminuyendo la capacidad de atención normal; crea una falsa sensación de seguridad que predispone a excesos de velocidad y a todo tipo de violaciones a las normas de seguridad en el tránsito.
Un estudio de la Organización Panamericana de la Salud reveló que un conductor que bebe antes de conducir tiene 17 veces más riesgo de tener un accidente fatal. Brasil adoptó medidas drásticas debido al número creciente de muertes en estos accidentes. La llamada ley seca, que prohibió el alcohol para los conductores, consiguió, en las ciudades, reducir en un 22,6% el número de muertes causadas por accidentes de tránsito en ese país, según un informe gubernamental. La nueva legislación, que declara "tolerancia cero” al consumo de alcohol, también redujo el número de hospitalizaciones por siniestros automovilísticos, en un 23,2 por ciento. Asimismo, la norma castiga con elevadas multas de aproximadamente 500 dólares, la suspensión de la licencia de conducir y la inmovilización del vehículo a conductores que sean sorprendidos con más de 0,2 gramos de alcohol por litro de sangre, lo que equivale prácticamente al consumo de una cerveza. En la Argentina, el límite legal de alcohol en sangre es de 0,5 gramos.
Es hora que las autoridades incrementen los controles de alcoholemia aplicando multas y sanciones que prevé la ley, la cual debe ser igual para todos, sin excepción. Justificar con atenuantes a una persona que conduce en estado de ebriedad implica menospreciar el valor de la vida y la virtud de la sobriedad o la templanza. Se debe concientizar a la ciudadanía que, conducir un vehículo implica asumir la responsabilidad sobre su propia vida y la de los demás cuando se está la volante.
