‘El odio lleva a perder los valores”, dijo Ortega y Gasset. Y, la crueldad, es la que destruye todas sensibilidad, comprensión, y buena onda. Que triste se ve la Argentina de hoy, que tristes nos vemos en el mundo. Alguien dijo: ‘El Papa es peronista”. Y, por si no faltara más, a alguien se le ocurrió afirmar en canales televisivos, que fulano ‘además de traidor es un idiota”. Todas frases celebres que reflejan gran espíritu de diálogo y humildad de estos tiempos. Todos contra todos, algunos contra otros, pero varios al fin y al cabo, tratando de salvarse de un naufragio desesperado. La Argentina actual se asemejaría a una nave que cambia su rumbo apresuradamente bajo un piloto automático, anunciando su momento de turbulencias, pero que los tripulantes no pierdan la calma, porque en 6 meses se llegará a buen puerto.
Con estas expresiones no se busca atacar a un gobierno, porque hubo períodos de la historia de nuestro país, que también fueron desesperantes. Es que cuando alguien da un mensaje alentador, se adelanta a los hechos, y ve la urgencia de atacar rápidamente las cosas. La crueldad se ve reflejadas en frases, tales como: ‘La imagen de que hay gente muriéndose de hambre no es real”, palabras de algunos denominados ‘gurúes” de la política, que tienen muy poco que ver con la política, y con el sentimiento real, que inspira a la política. El sistema lógico de esas expresiones, casi como hincadas del cerebro, muchas veces distan de lo real, porque lo que importa es construir la ‘imagen”. Los gurúes de la imagen política solo buscan el éxito, resultan los asesores de la política, que poco tienen que ver con los políticos de fuste, que son los que se preocupan por los intereses reales de la gente. Aquí, la ecuación serena para que no se ofusque la emoción, sería la de que ‘la verdad alimenta la razón”, y ‘la razón llevaría a encontrar soluciones a los problemas de la gente”.
No obstante, en ocasiones, la razón opaca la emoción. La opaca cuando muchas expresiones sólo utilizan ideas autorreferenciales, pero que reflejan muy poco, la preocupación referencial de la mayoría. Es que los discursos políticos desde hace bastante tiempo casi no reflejaron los intereses reales de la gente. Y, es allí cuando la razón contamina la emoción, cuando no cuento con un parámetro de verdad. Es que si eliminamos todo parámetro de verdad, el referente de la realidad es cada uno, con sus vivencias. La realidad es que la que a mí me parece, la que quiero instalar, con las expresiones que quiera utilizar. Todo da igual.
Las expresiones que aparecen en estos tiempos son las de la desesperación. La ausencia de creencias. Precisamente, las emociones tienen que ver con las creencias. Si tengo angustia, es porque creo, que hay algo que me pone en esa situación de angustia. Estoy convencido, lo siento, lo vivo y experimento. El naturalismo y el psicologismo, inspirado en las prácticas científicas biologicistas de estos tiempos, han vaciado al pensamiento de creencias. El psicologismo es la vivencia interior que cada uno tiene, pero que no debería obviar, el aporte de otras ciencias. En cambio, para el naturalismo todo lo real es natural, y viceversa. Es decir, uniendo a estas dos corrientes presentes, la creencia ahora es el razonamiento personal que pretende imponerse con ideas fantásticas, para justificar ese comportamiento vivencial, como algo natural. Y, la justificación del actuar a cualquier precio, desprecia la verdad objetiva. En esta lógica no hay verdad. No hay creencia. No hay emoción. Tampoco Fe y Razón. Solo hay crueldad.
La crueldad es la expresión máxima del egoísmo naturalista autorreferencial. Algunos mensajes actuales han resultado ser la expresión máxima de la liviandad a la que estamos acostumbrados: ‘No existe la verdad”. La razón opacada de emoción nos insensibiliza. El pensamiento científico fuera de lo que veo, ataca la mente de emoción, porque nos acostumbró al paradigma de la verificación práctica, a la verdad de la creencia fundamentada en lo real. ‘La crueldad lejos de ser un vicio es el primer sentimiento que imprime en nosotros la naturaleza” decía el Marqués de Sade.
La creencia no es la Fe. Esta última, es una virtud teologal, que está por encima de todo. La naturaleza apartada de una visión trascendente solo se queda con el fundamentalismo limitado. En este comportamiento no hay nada a lo que debamos aferrarnos, sino solamente a aquello que sintamos como algo natural, en cada momento. Y, la crueldad, nos daña. Tanto nos daña, que no vemos al que necesita del pan aquí y ahora. Como lo dijo Séneca: ‘Las cosas fingidas muy pronto regresan a su estado natural”.

