El sentido profundo de este tiempo es, avivar en los creyentes la "espera del Señor -Jesucristo- que viene a salvarnos".

Desde el día domingo 28 de noviembre, todos quienes formamos parte de la Iglesia Católica, damos inicio a un tiempo especial de espera llamado Adviento. Este tiempo está comprendido con los cuatro domingos previos a la Navidad y forma una unidad con la "Epifanía" (el 6 de enero).

La palabra "Adviento" encuentra su origen en el vocablo latino "adventus", que significa "venida, llegada". Por ello, el sentido profundo de este tiempo es, avivar en los creyentes la "espera del Señor -Jesucristo- que viene a salvarnos". Jesús, el Mesías, anunciado por el Antiguo Testamento, y esperado desde la Antigua Alianza, viene a liberar al género humano del pecado, del mal y de la muerte eterna.

CARÁCTER ESCATOLÓGICO
La primera parte del adviento tiene un marcado carácter escatológico, esto es, mira la venida de Jesús al final de los tiempos. Sobre esto, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña: "Desde la Ascensión, el advenimiento de Cristo en la gloria es inminente, aún cuando a nosotros no nos "toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad" (Hch. 1, 7). Este advenimiento escatológico se puede cumplir en cualquier momento, aunque tal acontecimiento y la prueba final que le ha de preceder estén "retenidos" en las manos de Dios (num. 763).

LA VENIDA DE JESUCRISTO
La segunda parte se encamina a preparar más expresamente la venida de Jesucristo en la historia, la Navidad. Este particular tiempo litúrgico es una oportunidad para prepararnos en la "esperanza y el arrepentimiento" para la llegada del Señor. La Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros. Jesús, el Hijo Unigénito de Dios, vino a la historia de la humanidad y se hizo uno de nosotros, se hizo hombre y compartió con nosotros toda nuestra condición humana, menos el pecado.

En el adviento, los cristianos, "recordamos el pasado", celebramos y contemplamos el nacimiento de Jesucristo. En un comedero de animales, nació de la Virgen María en la humildad y la pobreza. Se hizo hombre entre los hombres. "Vivimos el presente", transitando en nuestra vida cotidiana la presencia real de Jesucristo Salvador, caminando por las sendas de la justicia y el amor. "Nos preparamos para el futuro", es decir, nos preparamos para la segunda venida de Jesucristo como Señor y como Juez. Esperamos su venida gloriosa que nos traerá la salvación y la vida eterna sin sufrimientos.

TODO CONVERGE A CRISTO
La Iglesia, como madre, nos enseña: "La venida del Hijo del Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos. Ritos y sacrificios, figuras y símbolos de la "Antigua Alianza", todo lo hace converger hacia Cristo; anuncia esta venida por boca de los profetas que se suceden en Israel. San Juan Bautista es el precursor, desde el seno de su madre saluda la venida de Cristo y encuentra su alegría en ser "el amigo del esposo" (Jn. 3, 29), a quien señala como "el cordero de Dios que quita el pecado del mundo" (Jn. 1, 29). Al celebrar anualmente la liturgia del adviento, la Iglesia actualiza esta espera del Mesías: participando en la larga preparación de la primera venida del Salvador, los fieles renuevan el deseo de su segunda venida" (CATIC, num. 522/524).

EL CAMINO DE LA SALVACIÓN
Jesucristo vino y viene a salvarnos. No es menor que para semejante misión, haya elegido nacer en un establo. Es bueno a veces imaginar la verdadera imagen del establo, no la adornada. Ese lugar, donde está el comedero y el bebedero de animales, con sus olores, con su luz escasa, con su frío y su calor. Ese es el lugar elegido para venir a salvarnos.

En mayor o menor medida, los que creemos en Jesucristo, en el fondo de nuestro corazón sabemos, concretamente, de qué debemos ser salvados. Si Él, que siendo Dios, se hizo hombre, eligiendo nacer lejos de lujos y comodidades, con mayor razón nacerá, si se lo permitimos, en corazones lastimados, tristes, abandonados. Corazones de personas que necesitan de un Salvador.

Aprovechemos este hermoso tiempo litúrgico para hacer ese camino interior que nos conduce a descubrir de qué debemos ser salvados. Entreguemos eso a ese Dios Niño, frágil, pobre y humilde, para que allí cumpla su misión redentora.

 

  • Estar atentos

Hemos de estar atentos. En esta época seremos "atacados" por la publicidad para comprar muchas cosas, seremos invitados a muchas fiestas. Todo esto, no es malo o peligroso en sí. Pero puede llegar a hacernos olvidar, o perdernos, del verdadero sentido del adviento: prepararnos para la llegada de nuestro Salvador.

 

Por: Juan Manuel García Castrillón
Abogado