Puede que muchos jóvenes no lo sepan, pero Fidel Castro y sus guerrilleros se levantaron en armas contra la dictadura de Fulgencio Batista a fines de la década de 1950, entre otras cosas para erradicar los cruceros de turistas estadounidenses, y los casinos y clubes nocturnos frecuentados por los visitantes. Los revolucionarios cubanos veían eso como parte de la enorme corrupción del gobierno de Batista.
Durante décadas, la prensa gubernamental cubana, la única permitida en la isla, había descrito a los cruceros turísticos estadounidenses y los casinos como símbolos de la decadencia de la Cuba prerrevolucionaria. De hecho, los capos de la mafia habían desembarcado en La Habana desde 1920, cuando la prohibición del alcohol en EEUU los llevó a convertir a Cuba en uno de los centros nocturnos favoritos.
‘Vienen hoteles flotantes, restaurantes flotantes, teatros flotantes, diversión flotante, visitan los países para dejarles la basura, las latas vacías y los papeles por unos cuantos miserables centavos”, había dicho Fidel Castro todavía en 2005, en una de sus tantas diatribas contra los cruceros. Ahora, Cuba ha regresado al punto de partida.
Cuando vi en el Miami Herald la foto del majestuoso ‘Fathom Adonia” de Carnival Corp. haciendo su entrada triunfal el martes pasado en una Habana que parece congelada en el tiempo, no pude sino pensar en la ironía de la situación. Casi seis décadas después de que Castro prohibiera los casinos y proclamara el triunfo ‘inexorable” de la revolución socialista y su ‘hombre nuevo”, la isla quebrada económicamente quiere volver a ser la meca turística estadounidense que era antes.
Cuba cayó en picada social y económica desde que la antigua Unión Soviética dejó de mantenerla. El sueldo promedio es u$s 21 al mes, uno de los más bajos de Latinoamérica. La emigración y la baja tasa de natalidad está reduciendo la población y se proyecta que seguirá disminuyendo de los 11 millones actuales a unos 10 millones para 2025.
Y aunque algunos siguen creyendo que Cuba ha hecho grandes progresos en la salud y la educación, eso es cosa del pasado. En la era soviética logró avances en llevar la educación a los indigentes, pero el sistema educativo se ha deteriorado en las últimas décadas (podría explicar por qué Cuba no participa en los exámenes internacionales PISA). Además, Cuba ya era un país bastante avanzado antes de la revolución: estaba en el cuarto lugar en alfabetización, solo debajo de Argentina, Chile y Costa Rica, según estadística de la ONU de 1957. Ese año tuvo asimismo un índice de mortalidad infantil de 32 por cada 1.00, el más bajo de Latinoamérica.
Y, casi seis décadas después, sigue siendo una dictadura familiar, sin elecciones libres, partidos políticos ni prensa independiente. Según Cuba Archive, hay 3.117 casos de ejecuciones documentadas, y 1162 ejecuciones extrajudiciales desde 1959. Muchos países han aumentado sus índices de alfabetización y mejorado las condiciones de salud en libertad, y sin semejante derramamiento de sangre.

Mi conclusión: ahora que los majestuosos cruceros de EEUU regresaron a una Cuba agobiada por la pobreza, es hora de recordar a las miles de personas que murieron luchando a favor y en contra del proyecto totalitario de Castro, y de preguntar a los pocos que todavía creen en esa revolución si valió la pena. Es carnaval en Cuba, igual que en 1959, pero con un país mucho más pobre.