
Hace tiempo, mucho tiempo, que no sentíamos tan pleno y verdadero orgullo de sentirnos argentinos. ¿Será puro narcisismo, o "cholulismo", el saber que por unas horas estuvimos en la vidriera del mundo? ¿Será que a través de los logros de la selección de fútbol, sentimos halagado nuestro ego, recuperada la autoestima, la pregonada máxima de "coronados de gloria vivamos"? No tengo la respuesta técnica a esa manifestación del espíritu que nos hace sentir mejor, reconfortados y reconocidos. ¿Por esa "tan poca cosa que es el fútbol"?, se preguntará algún descreído.
Sí. Por esa estupidez colectiva de ver a "once multimillonarios correr tras una pelota", como dijo un desubicado comunicador, es que todo un país puede volver a identificar su bandera, recuperar el perdido orgullo, superar esa nostalgia "de haber sido y el dolor de ya no ser".
LA REFLEXIÓN DE BAYLY
El periodista Jaime Bayly, no siendo futbolero ni argentino, dio la clave con un comentario que me pareció iluminar lo que nos estaba sucediendo luego de la conquista de Qatar. En su programa de televisión dio su visión sobre el porqué del campeonato que lograron Messi y compañía.
"Cada uno de los jugadores de la Selección argentina es un capitalista. Cada uno de ellos, quizás sin saberlo, es un capitalista globalizado que se somete a las leyes de libre mercado de la oferta y de la demanda del fútbol mundial", comenzó diciendo en su monólogo televisivo. "Por eso son tan buenos, porque salen, porque compiten, porque están en las mejores ligas. Otamendi, ‘Cuti’ Romero, ‘Huevo’ Acuña, De Paul, Enzo Fernández, Max Allister, Julián Álvarez, Messi, Lautaro Martínez, Dybala, todos juegan en Europa", aseguró.
Bayly continuó su análisis con estas comparaciones. "Si se quedaran a jugar en Argentina, porque dicen, no quiero jugar en Inglaterra porque las Malvinas son argentinas, o yo amo a Perón, a Cristina y me quedo a jugar en la Argentina, no pasaban a octavos. No es un triunfo de la política argentina ni del gobierno. Es un triunfo de los guerreros de Messi", concluyó. Impecable.
CONSECUENCIAS DE ALEJARSE DEL MUNDO
Las políticas de sustitución de importaciones, el inicial huevo de la serpiente que nos fue alejando del mundo, cerrándonos dentro de las fronteras, clausurando importaciones y exportaciones, protegiendo empresas prebendarías del Estado, habitualmente amigos del poder, fueron iniciando un proceso vicioso que nos fue enmoheciendo y atrasando.
Los productos hechos acá, sustitutivos de los importados, fueron una usina de desbarajuste en los precios, entre otras causas, que terminaron en sacudidas inflacionarias que nos atosigan, desde los años cuarenta hasta nuestros días.
Abandonamos la competencia, por lo tanto la fuerza vital que emana de aquel que quiere ser mejor, superarse, de estar a la altura de los que hoy marcan el rumbo en el mundo, porque el Estado protector no dejaría que se los pusiese a prueba.
"El mérito no existe", se oyó decir a nuestro actual mandatario. Ecos de aquella otra frase que engalanara las fiestas distribucionistas de otrora, "alpargatas sí, libros no". Dios es argentino, quédate tranquilo.
Ignorando que el sostén de todo desarrollo, es y seguirá siendo la educación. "Se ha dicho y repetido que la educación es el mejor instrumento de igualación social, porque los derechos civiles sólo son posibles de ser ejercidos por los pueblos cultos y educados, si no, serán usados y dominados por los gobernantes".
LA PALABRA DE SARMIENTO
En este sentido Sarmiento decía que "la educación es una responsabilidad de las sociedades y de los gobiernos, por caridad o por obligación", escribió el Dr. Oscar Adárvez, en DIARIO DE CUYO.
"The Best", premio al mejor, fue arrasado por los argentinos. Como el film "Argentina, 1985", que amenaza con quedarse con el Oscar a la mejor película extranjera, habiendo ya acumulado varios premios.
El "Dibu" Martínez, al hablar luego de recibir trofeo "The Best", dio una pequeña gran lección que conmovió al mundo. "Mi familia es gran parte de esto. Cuando me preguntaban de chico quién era mi ídolo, mi referente como arquero, ver a mi mamá limpiar edificios ocho o nueve horas y mi papá trabajar, mis ídolos son ellos".
Está claro, señores, trabajo y mérito. Mérito y trabajo. Si el "Dibu" no hubiese salido al mundo, tal vez todavía estaría atajando penales en algún partidito de playa, en las arenas de su Mar del Plata. Globalizados y seguros, marcharemos hacia un destino de grandeza. Como los chicos de la selección, bienvenido sea.
"Que nos den libertad"
Sí. Tenemos que convencernos. Los argentinos habitamos un gran país. Somos capaces. Está demostrado que con esfuerzo, estudio, aplicación y conducta, como propiciaban las antiguas libretas de nuestra escuela primaria, podemos llegar hasta donde queramos. A ser los mejores, como soñaron los hacedores de la patria.
Sólo les pediríamos a nuestros políticos, que dejen que el argentino sea, que crezca por sí, que aprenda a caminar solo, que lo suelten y dejen cruzar solo la calle, aunque esté llena de amenazas. Que nos den libertad, que no nos atormenten con impuestos para sus políticas anquilosadas, equivocadas, plagadas de errores cuando no de malos hábitos. Sólo procuran asegurarse su metro cuadrado de poder, infundiendo miedo, incertidumbre. Dando sin contraprestación para que no les soltemos la mano y sintamos que nos cuidan. Sin saber que nos están condenando a estar siempre con la mano tendida, como pidiendo limosna.
Por Orlando Navarro
Periodista
