Dentro de la organización del Estado Islámico, el fundamentalismo yihadista cuenta con una modernísima unidad especial para la utilización de Internet con el doble objetivo de mostrar al mundo las atrocidades de su lucha demencial y a la vez reclutar a jóvenes idealistas para entrenarlos y sumarlos a los diferentes frentes de ataque en el mundo.
Los servicios de inteligencia occidentales estiman que los extremistas islámicos han reclutado unos 5.000 jóvenes en distintos países mediante el uso de las redes sociales, aprovechando los sentimientos -también volcados a la web- de muchos adolescentes que se sienten marginados por la desigualdad social, o bien por los ideales de cambiar al mundo, adhiriéndose a los principios del fanatismo yihadista.
Los observadores internacionales estiman que estos adolescentes, de 18 a 24 años, han viajado a Siria e Irak mediante el soporte económico de la organización y se han sumado a la guerra en la zona dominada por los activistas. Pero lo realmente grave es que se cree que alrededor de un 30% de ellos han regresado a sus países de origen después de recibir instrucción militar, lo que implica un serio problema de seguridad. Esto es parte de un cambio estratégico a partir de los reveses del Estado Islámico en el campo de combate y por ello la generalización de la lucha en todo el mundo mediante atentados terroristas.
La inteligencia occidental se siente frustrada por el gran dominio tecnológico de los ciberterroristas que cuentan con múltiples recursos para evitar ser descubiertos. Desactivan los servicios de localización de las computadoras, disponen de teléfonos encriptados con programas como CryptoPhone o BlackPhone, y sobre todo usan el sistema operativo Tails, una distribución de Linux que preserva la privacidad y el anonimato. Para navegar recurren a una herramienta segura como Tor, un explorador que se suele usar para ingresar a la llamada ‘Deep Web’, la red profunda. Por eso sólo se pueden descubrir las cuentas, pero no el origen.
Las tácticas de comunicación incluyen guías para sus potenciales reclutas y consejos para llegar a la zona de combate a través de Turquía engañando a los controles de migración. Pero ahora les piden a los jóvenes que no viajen, sino que cometan atentados en su propio país, con instructivos para preparar explosivos, conseguir armas y evadir a la Policía.
