Para muchos adolescentes la moda de tatuarse la piel representa una forma de decorar el cuerpo o de manifestarse artísticamente y para otros la manera de demostrar que pertenecen a determinados grupos sociales o "tribus" urbanas. De todas formas se trata de una decisión que al momento de tomarla hay que estar conciente de que se trata de una técnica que no admite arrepentimiento y que puede tener consecuencias sociales en el futuro.
Para un tatuaje se utiliza tinta que termina alojándose en los tejidos más profundos de la piel, por lo que eliminarlo totalmente resulta casi imposible. Existe una alternativa quirúrgica para removerlos, mediante la utilización de láser, la que si bien no es dolorosa, es costosa y con todos los riesgos que implica una operación. Cada vez se dan más casos de arrepentidos que acuden a especialistas en busca de remover las figuras tatuadas, por los problemas que se presentan en determinadas etapas de la vida. A diario, los consultorios de numerosos cirujanos plásticos son visitados por personas que afrontan problemas laborales, personales, de pareja y hasta sociales por estar asociados -prejuiciosamente- a enfermedades, drogas, o delincuencia.
Negar un puesto de trabajo a una persona porque tiene un tatuaje es un acto de discriminación penado por la ley. Pero en forma permanente se dan estos casos, lo que motiva el deseo de borrárselos, a costa de un alto riesgo para la salud porque cuando se lo intenta se corre el peligro de que el sujeto quede con secuelas como manchas, quemaduras y cicatrices.
Por ello los jóvenes, al momento de hacerse un tatuaje, tienen que entender que es algo definitivo y que por más técnicas que se utilicen nunca podría ser borrado del todo.
