La agricultura expansiva está causando estragos por la conversión de zonas boscosas en terrenos cultivables, con un daño prácticamente irreversible en la selva tropical estimado de unos siete millones de hectáreas anuales, una cifra similar a los nuevos desarrollos agropecuarios. El problema es la pérdida de sustentabilidad en el manejo de la tierra, un factor clave en las medidas para controlar las alteraciones climáticas.
El informe bianual sobre el estado de los bosques de la Organización de la ONU para la Alimentación y la Agricultura (FAO), analizó las políticas forestales de 35 países y poco menos de la mitad abordaban explícitamente el cambio del uso de la tierra del bosque a la agricultura, y viceversa. Las pérdidas de bosques son mayores en naciones de ingresos bajos donde no se ha incentivado la inversión forestal ni hay salvaguardias sociales y medioambientales en los planes de desarrollo.
El organismo llamó a los Estados miembros a ordenar el territorio en forma integrada e incluir en el marco institucional, junto a los entes gubernamentales, a organizaciones sociales y del sector privado para mejorar la gestión del cambio del uso de la tierra. Para cumplir la agenda de desarrollo sostenible estipulada por la ONU para 2030, la agencia destacó la contribución de la gestión forestal para la erradicación de la pobreza, la protección de los ecosistemas relacionados con el agua, el acceso a la energía sostenible y la lucha contra el cambio climático.
Con estas premisas se habrá dado un paso decisivo hacia el equilibrio buscado entre la explotación de los recursos naturales a la vez de proteger las reservas del planeta como los bosques tropicales, verdaderos pulmones de los ecosistemas más vulnerables. La economía sigue siendo condicionante, según se observa en este informe, ya que la deforestación en las zonas tropicales y subtropicales se debió a la agricultura comercial a gran escala en un 40% de los casos; la agricultura de subsistencia local llegó al 33%, por infraestructuras y expansión urbana se perdió un 10%, y la minería se llevó el 7% de los bosques. La FAO ha comprobado que los países de ingresos altos registraron un incremento general de la superficie forestal, mientras que los países de ingresos medios y bajos redujeron el bosque nativo por comercialización o expansión agrícola.
