El término "tabú”, de origen polinesio (tapú), fue importado por el temible Capitán Cook, después de su viaje por las islas Hawai. Para los antropólogos, etnólogos y teólogos el tabú designa, básicamente, a algo prohibido e inviolable, y se puede referir a casi todo: objetos, alimentos, lugares, acciones, e incluso a seres humanos.
Pues bien, dijimos que con el "tabú” se trata de una prohibición, en principio, irracional y no justificada (simplemente porque si), cuya violación es considerada una falta grave, incluso imperdonable, por la sociedad que lo impone (no en vano, muchos tabúes terminan siendo antecedentes directos del derecho positivo).
Mediante la prohibición del tabú se evitan los actos de sacrílegos, pero también se evita que se rompa el equilibrio, la regla, la norma, el límite.
Además, a un nivel simbólico o psicológico, los tabúes (ya sean propiamente cosas, o personas, o conductas), se consideran impuras, como algo que hay que evitar, ya que el mero contacto, "mancha y contamina”, la impureza, incluso cuando el contacto con lo impuro sea sin saberlo.
En este sentido, la temible santidad de los reyes conducía a la prohibición general de tener siquiera el más mínimo contacto con ellos. Fue tan ilegal tocar a un rey, que en julio de 1874, el rey de Camboya se cayera de su carruaje, quedando sin sentido en el suelo, y nadie de su séquito se atrevió a tocarle, hasta que llegó un extranjero que lo llevó a palacio.
Nadie podía tocar al rey de Corea, y si él tocaba a un súbdito, el lugar se convertía en sagrado, y el tocado llevaba signo distintivo, generalmente un cordón de seda roja, durante el resto de su vida.
Los poderes de los reyes de Inglaterra eran famosos para curar las escrófulas, -the king’s evil (la enfermedad real)-. Ni la mismísima reina Isabel, ni ninguno de sus sucesores renunciaron a tal prerrogativa real, y se cuenta que Carlos I curó en 1633, de una sola vez, cien enfermos. Dicha creencia se vino abajo cuando el escéptico Guillermo III de Orange, rey de Inglaterra, después de la expulsión de los Estuardos, desconfiaba de la realidad de tal poder, y la única vez que consintió en ejercer la regia función curativa lo hizo diciendo a los enfermos: "Que Dios os de mejor salud y os haga más razonables”.
No ocurrió lo mismo días atrás, en las celebraciones del 65º aniversario de la República Italiana, (sí, en pleno Siglo XXI, más precisamente el día 2 de Junio de 2011), cuando el primer ministro Silvio Berlusconi. ("Il Cavaliere”) se levantó de su asiento y se dirigió hacia el Rey Juan Carlos I de España, que presenciaba el acto junto a otros muchos jefes de Estado de varias partes del mundo. Allí protagonizó otro de sus mediatizados "gaffes” (metidas de pata). Cuando estaba intercambiando algunas palabras con el Rey, preguntándole por su estado de salud, y al hacerlo le tocó el brazo. Poco después volvió a sentarse, entonces, fue el presidente de la República italiana, Giorgio Napolitano, quien se acercó a Berlusconi y le susurró muy diplomáticamente que, cuando se dirigiera nuevamente a don Juan Carlos lo haga sin tocarle, ya que no sólo está prohibido "tocarlos”, sino que además no se les puede extender la mano para saludarlos sin que sean ellos quienes realicen el primer movimiento.
Tamaña falta de respecto hacia la monarquía española, llevó nuevamente a Berlusconi a ocupar las primeras planas de los diarios europeos en cuanto a su debilidad por tocar la "carne humana”, aunque será pasada por alto por "don Juan Carlos, quien, como se sabe, no sólo nació en Roma, sino que es un amigo del pueblo italiano y sabrá pasar por alto este pequeño desliz”, conforme lo señala la diplomatura real.
Conforme lo señala la psicología, "el acto obsesivo es aparentemente un acto de defensa contra lo prohibido, pero podemos afirmar que no es en realidad sino la reproducción de lo prohibido. La "apariencia” se refiere a la vida psíquica consciente, y la "realidad”, a la vida inconsciente. De este modo, el ceremonial tabú de los reyes es, en apariencia, una expresión del más profundo respeto y un medio de procurar al rey la más completa seguridad, pero en realidad es un castigo por dicha elevación y una venganza que los súbditos se toman del rey por los honores que le han concedido. Sancho Panza tiene ocasión de experimentar por sí mismo, mientras es gobernador de su ínsula, hasta qué punto es exacta esta concepción del ceremonial.
No quedan dudas que, independientemente de cómo se las llame, Tabú, "gaffe” o "délire de toucher”-como lo define la psicología-, sigue vigente en la idiosincrasia del pueblo europeo.
