En mayo 17 de 1865 el Gobernador de la Provincia de San Juan por el Art.1 quedaban movilizados los 250 hombres de infantería que han de formar el contingente impuesto a la Provincia por Decreto Nacional del 17 de abril. Fdo. Rojo José María del Carril – Ruperto Godoy.

Rápido comenzaron los aprestos militares y la organización. La partida de los sanjuaninos fue casi inmediata, a cargo del Comandante Rómulo Giuffra. El teniente (R) José Nicolás González, del Ejército de Chile, ofreció, con sus compañeros, sus servicios militares para marchar a la guerra. El Gobernador aceptó ese ofrecimiento y el de otros voluntarios.

Los aprestos militares revistieron la formalidad propia de una organización preexistente. El Gobernador Rojo, y el Comandante Giuffra se ocuparon de contratar los carros para el transporte a Mendoza, Río Cuarto y hasta Rosario, donde llegaron a fines de julio. El Capitán Maure, nos revela: ‘hemos hecho lo más del camino a pie desde Mendoza; los fríos y la escasez nos han hecho sufrir bastante”. Luego de una prolongada espera del transporte fluvial, navegaron por el Paraná, entraron al río Uruguay, en el Mocoretá soportaron tormentas con truenos y vientos y seis días de lluvia. El día 10 de noviembre pasaron el río Corrientes, en balsas de goma elástica, pipas, canoas y también en grandes bolsas de lona alquitranada. Iban a Corrientes, pero para cruzar el Paraná esperaban las balsas, ocupadas por el ejército brasileño. Habían salido de San Juan el 24 de mayo de 1865, llegaron a destino casi un año después.

El Boquerón que debían seguir los aliados en su avance, tenía a su entrada unos 40 metros de ancho, y de largo, hasta las trincheras paraguayas, unos 400 metros. A ambos lados bosques tupidos y enmarañados, y bañados impenetrables, por donde, sin detenerse ante el fuego avanzaron los aliados con temerario arrojo. La batalla librada en el Boquerón entre el 16 y el 18 de julio de 1866 fue una de las más encarnizadas de la guerra. El combate del día 16, duró unas 3 horas. El día 17 no se pudo combatir. El 18 de julio, a las 6.30 se reanudó la lucha. Habían estado combatiendo 8 horas cuando se ordenó la retirada.

El capitán Maure escribía: ‘recibimos nuestro bautismo de fuego”.

Bernardo Aubone relataba las penurias a su madre: ‘Me veo entre los muertos sano y salvo y no lo creo”

Decía Francisco Seeber que, ‘junto con la abnegación y el valor de nuestros soldados, que sufren el calor, el frío, la lluvia, la intemperie, la escasa alimentación, las fatigas innumerables y los peligros de la guerra, quería hablar de las mujeres que acompañaban al ejército”.

El Coronel Domínguez expresaba al gobernador Rojo, después del Boquerón: ‘En este momento supremo no sé decirle de qué me enorgullecí más, si de ser sanjuanino o de hallarme al frente del batallón San Juan”.

Garmendia, en sus ‘Recuerdos” describió el heroico comportamiento de los sanjuaninos: ‘El primero que escaló la disputada trinchera fue el capitán del San Juan, Lisandro Sánchez, seguido del soldado Santiago Esquivel y animada por el ejemplo su brava compañía, sin trepidar, trepó al asalto…” ¡Y ahí tremoló la Bandera! Y la entregaron a San Juan, cuando los recibió en homenaje a su regreso. Y la portaron los veteranos cuando se llevó a cabo el primer homenaje a los caídos y fueron trasladados sus restos al actual Cementerio de la Capital. La Bandera del Batallón ‘San Juan”, preservada en un cofre vidriado, se encuentra ahora en la Secretaría Privada de la Gobernación (Av. Del Libertador).

Don Agustín Gnecco, quien fue organizador del primer homenaje, en 1906, y en ese año publicó, entre otros documentos, las valiosas cartas de los combatientes, conservadas en el Museo Histórico Provincial, que lleva su nombre, bajo la dirección de la Prof. María Julia Gnecco.