Pocos de ellos se ven hoy en el abrazo de dos arterias. La efigie de ese redondo tacho rojo con sombrero y delicada boca, lentamente va desapareciendo. De la época de los teléfonos a disco, donde el dedo índice daba la vuelta al mundo montado en el ansia de encontrar la palabra esperada (hoy sepultados por los celulares), el buzón carmín de los tangos se va arrinconando, humilde, en los arrabales de las ciudades, para hallar en alguna chacarita el consuelo al "dolor de ya no ser”.

Infinidad de historias se han tejido acerca de ellos. Cuentan los memoriosos que en sus primeros pasos pocos se animaban a confiarles una carta, recelosos de que se perdiera en su tubular misterio, y de este modo una declaración de amor se estrujara en silencios. Con el tiempo, fuimos comprendiendo que eran fieles, que jamás una endecha de amor ensobrado se perdería; que la tristeza de no recibir la esperada respuesta, no empañaba la certeza de que la misiva había sido entregada. Muchos aseguran que hubo personas que tenían vergüenza de que las vieran depositar una carta. Otros juran de que han visto algún hombre melancólico hablarles como quien habla a un amigo. O alguno meter la mano en la insondable boca retráctil, tratando de recuperar la carta que acababa de depositarle y acto seguido se arrepintiera de enviar, como tantos remordimiento tardíos. Buzón y esquina son inseparables. Una es nada sin el otro. Las esquinas que no gozaban de buzones, han sido pájaros sin nido; perdidas han quedado en laberintos de la soledad, desnudas de guardianes y compañía. Y hasta se rumorea que cuando algún vándalo trató de incendiar alguno de esos depósitos de ilusiones, la esquina se las ingenió para alertar al policía de la cuadra con un llamado desgarrador encaramado a un gorrión, y lo salvó. Alguien asegura que cuando en un buzón caen dos misivas de amor dirigidas por amantes diferentes a la misma persona, las cartas se disputan el amante en su interior, en sorda batalla, y jamás ninguna llegó a destino.

Nadie atesora tantas emociones como un buzón: historias de romances frustrados y declaraciones de amor no correspondido, noticias de desastres e imágenes de recién nacidos, arman refugios multicolores en su inescrutable interior, claroscuros e historias ocultas, perfumes y lágrimas escritas. Esas cosas de la vida.