Los grandes avances que en materia sismológica se han experimentado en los últimos años, no han sido suficientes para determinar con precisión cuándo va a ocurrir un sismo, previniendo a las poblaciones de sus devastadoras consecuencias.

Los grandes terremotos ocurridos en Haití, en enero de 2010; en Chile, en febrero del mismo año y recientemente en Nepal, donde ya hubo dos terremotos de gran magnitud, son una clara muestra de que la falta de predicción es causante de la pérdidas de numerosas vidas humanas. Respecto de las pérdidas materiales, en ocasiones no pueden evitarse ya que responden a otros conceptos vinculados con la calidad de la construcción, características de los suelos y factores vinculados a la Física y a la Economía.

Se considera que para hacer una predicción en cualquier área es necesario comprender, en profundidad, los fenómenos involucrados. En relación a los sismos, en los últimos 100 años se han hecho avances fundamentales, que actualmente permiten determinar dónde van a ocurrir los futuros grandes terremotos, pero bajo ningún concepto establecer cuándo van a ocurrir.

Desde que fueron establecidos los principios de la sismología, se ha estudiado una serie de variables para tratar, primero, de conocer cómo es el mecanismo de un sismo y en segundo término llegar a descubrir el patrón que rige los movimientos, en búsqueda de establecer el cuándo y el porqué ocurren.

No obstante, los científicos están convencidos de que dentro de poco tiempo el objetivo será alcanzado, de la misma manera que actualmente los meteorólogos, a través de avanzados satélites, pueden pronosticar eventos climáticos y dar la posibilidad a las poblaciones de ponerse a salvo ante un fuerte viento, un tornado o un huracán.

En tanto, se avanza hacia la resolución de este problema, los expertos en sismología continúan estudiando qué sucede antes, durante y después de un sismo. Estas investigaciones han arrojado importantes conclusiones que se están aplicando en los distintos manuales de prevención sísmica como el elaborado por el Inpres (Instituto de Prevención Sísmica), que contiene aspectos vinculados al comportamiento de la ciudadanía, como también las normas de construcción sismorresistente ideadas para atenuar las consecuencias de los terremotos en casas y edificios, en base a conocimientos asimilados de los destructivos terremotos de 1944 y 1977.

La propuesta de implementar un plan de contingencias sísmicas realizada al Gobierno de San Juan por la Cámara de Construcción de la República Argentina, es una buena medida que contribuiría a nivel local con la tarea de prevención.

El ingeniero Julio Aguirre Ruiz, uno de los más destacados expertos en sismología de nuestra provincia, advierte que todo lo que se haga en materia de prevención nunca es suficiente ya que, lamentablemente, hasta ahora no se ha podido llegar a predecir un evento de esas características. Sostiene el experto que hay algunos avances en esta materia, que se han dado en países desarrollados como China, Japón, EEUU y Rusia, pero en ningún caso se ha logrado determinar la fecha y hora exacta en que se producirá un terremoto.

El doctor Luis Rivera, profesor de sismología de la Universidad de Estrasburgo, Francia, y uno de los más grandes investigadores a nivel mundial, avanzó en la "alerta temprana", que aunque no es una predicción sísmica como tal, es una herramienta útil para reducir los daños de un evento sísmico y las pérdidas materiales y humanas. Consiste en utilizar los primeros pocos segundos del registro sísmico para predecir el tamaño final del terremoto y mitigar los daños que serán producidos en la infraestructura. Gracias a ello se han logrado desarrollar varias aplicaciones. Por ejemplo, en Japón se han creado sistemas de frenado automático de trenes rápidos y de interrupción de generadores nucleares cuando se está produciendo un terremoto. También se ha avanzado en el desarrollo de una estimación rápida y segura de la magnitud de los grandes sismos con el fin de poder predecir los tsunamis.

Las últimas noticias señalan que científicos rusos han logrado prever algunos sismos utilizando satélites Glonass (del Sistema Global de Navegación por Satélite que es la versión rusa del GPS norteamericano), aunque sólo a título experimental. Esto no quiere decir que los rusos están en condiciones de predecir un evento sísmico, ya que este sistema satelital no está diseñado especialmente para esa función. De todas formas ha permitido descubrir una relación entre los movimientos de la corteza terrestre y los cambios en la ionosfera o en la radiación infrarroja que pueden ser tomados como indicativos de que está por ocurrir un gran sismo.

El terremoto de Japón de marzo de 2011, que provocó un tsunami y el accidente en la planta nuclear de Fukushima fue uno de los primeros sismos que los rusos pudieron adelantar. Pero de nada sirvió esta predicción, precisamente por la etapa experimental en la que se encuentra el sistema, que no está totalmente probado y no incluye sistemas de evacuación o efectos en la población.