Las palabras de Goethe -que se consignan por separado- condensan un pensamiento sin distinción de credos ni religiones, sin ideologías mesiánicas de gobernantes de turnos, o ambiciones políticas hegemónicas para justificar amoralmente, desde un accionar transgresor de la historia, de la educación, de la formación integra cultural, un proyecto con las más absurdas justificaciones que la máxima autoridad nacional educativa emitiera con total desparpajo e insensibilidad social.

Agreguémosle una emisión televisiva de un guión elaborado para degradar, insultar, manipular obscenamente desde las gradas de la cultura y de la educación a un argentino, sanjuanino por antonomasia, que supo portar todos los títulos que una sociedad puede otorgar a un ciudadano, desde estudiante hasta presidente, desde escritor hasta periodista, desde militar hasta político. Domingo Faustino Sarmiento sufrió un ataque inmerecido a su investidura de prócer, de prohombre.

La impostura oficial de quienes pergeñaron el relato diseñado, armado, editado y emitido por un canal oficial, sin ninguna duda, tuvo la venia de altas autoridades políticas. Nuevamente el daño se hizo. ¿Ese es el pensamiento rector de los productores y funcionarios involucrados en la presentación de esa emisión televisiva?. El grado de "Maestro de América” no es un pseudotítulo de oportunismo político o de calibre diplomático, es un honroso pergamino otorgado por sus propios méritos logrados como fruto de esa incansable siembra de educación que nos enseñó a millones de argentinos que hoy estamos en condiciones de haber sido educados.

Quien puede dudar, objetar o discutir que es un símbolo internacional, modelo de estudio y remembranza por la calidad y fructífera trayectoria. Y acá en su amada patria hay un grupúsculo de individuos que usufructúan haciendo daño desde la banalización. Incomprensible para un pueblo, si este se jacta de culto y educado. Pero así como es grave el ataque, el daño, la mala intención; también el silencio tiñe de culpas a quienes por su posición o condición ante la sociedad deberían emitir sus pertinentes juicios de valor al respecto.

Martin Luther King lo dijo: "Mas que las acciones de los corruptos, me preocupa los silencios de los buenos”. He sentido, aunque suene algo prosaico, un dolor en mi vena docente y en mi condición de sanjuanino que me llevaron a escribir estas líneas, y es el hecho que tanto la Academia Nacional de la Historia de la República Argentina, el Instituto de Historia Argentina y Americana "Dr. Emilio Ravignani”, el Instituto de Investigaciones en Historia Regional y Argentina "Prof. Héctor D. Arias” de la cual formó parte y enseñó en sus claustros Historia la Prof. Margarita Ferrá de Bartol, a quien nombro y me remito porque tuvo una destacadísima participación en la publicación que hizo el Congreso Nacional en la publicación de las obras de Sarmiento, y creo, no hubiera dejado pasar el reclamo a la reivindicación del honor del Gran Sanjuanino y el desagravio oportuno.

Su estatura como docente y como historiadora así lo habría exigido; y los departamentos de Historia Argentina y Americana de las distintas universidades de la República Argentina, entre otras, no han salido a la palestra a manifestar sobre la grosera, incorrecta y denigrante expresión televisiva. Ese manifiesto y elocuente silencio me lleva a plantear el siguiente interrogante: ¿los Concursos de tesis doctorales de Historia Argentina siglos XIX, XX incluirán el avallasamiento que el siglo XXI hace de los personajes históricos de esas épocas de nuestra nación?. Podemos cambiar para mal o para bien. Para mal seamos cómplices pasivos y silenciosos de ese atropello, y para bien, reflexionemos sobre las palabras de Nelson Mandela: "La educación es el arma más poderosa que puedes usar para cambiar el mundo”.

Ojalá así sea para el pueblo y la Nación Argentina.

(*) Pedagogo.